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Comunicaciones

La Argentina no logró reducir en diez años la mortalidad  hospitalaria por infarto 

07/10/2026

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La Argentina no logró reducir en diez años la mortalidad  hospitalaria por infarto 

● Un análisis de más de 7500 pacientes atendidos en 209 instituciones mostró una  mortalidad intrahospitalaria por infarto del 8,6%, sin cambios significativos entre  2015 y 2024. 

● Aunque más del 90% recibió algún tratamiento para abrir la arteria en ocho de los  diez años analizados, en más del 60% de los casos la intervención se realizó fuera de  los tiempos recomendados. 

● En el 52° Congreso Argentino de Cardiología, organizado por la Sociedad Argentina  de Cardiología, los especialistas debatirán sobre las estrategias necesarias para  reducir las demoras y la importancia de consolidar redes provinciales de atención  como políticas sanitarias sostenidas. 

La Argentina no logró reducir en la última década la  mortalidad hospitalaria por infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST, la forma  más grave del infarto. Entre 2015 y 2024, el 8,6% de los pacientes incluidos en un registro  nacional murió durante la internación y esa proporción no presentó cambios estadísticamente  significativos a lo largo del período. 

La falta de progreso en este tema crucial será uno de los temas principales del 52° Congreso  Argentino de Cardiología (SAC.26), que la Sociedad Argentina de Cardiología realizará del 14 al  16 de octubre en La Rural. Con cerca de 15.000 inscriptos previstos, está considerado como el  congreso científico más grande de habla hispana y el cuarto más importante del mundo de la  especialidad El encuentro pondrá el foco en una paradoja: existen tratamientos capaces de  salvar vidas, pero sus resultados se reducen cuando llegan tarde, se aplican de manera desigual  o dependen del lugar en el que comienza la atención.

El objetivo internacional “25 x 25”1 planteaba reducir en un 25% la mortalidad prematura por  enfermedades no transmisibles. Mientras distintos países y regiones lograron avances  importantes, la experiencia argentina en el infarto muestra que el conocimiento médico y la  disponibilidad de procedimientos no alcanzan si el sistema no garantiza el tratamiento indicado  dentro del tiempo adecuado. 

La evidencia surge del registro ARGEN-IAM-ST, una iniciativa nacional que funciona desde 2014  y permite conocer cómo son atendidos los pacientes con infarto en instituciones argentinas. El  análisis incluyó 7.690 casos registrados en 209 centros entre 2015 y 2024 y evaluó la mortalidad,  las complicaciones y los tiempos transcurridos desde el comienzo del dolor hasta la consulta y  la apertura de la arteria obstruida. 

El primer dato que ayuda a entender por qué la mortalidad no disminuyó es que, en un infarto,  no basta con realizar el tratamiento: es decisivo hacerlo rápido. Cuando una arteria coronaria se  tapa, una parte del músculo cardíaco deja de recibir sangre y oxígeno. Con cada minuto que pasa  aumenta el daño, se reduce el nivel de recuperación de la función del corazón y crece el riesgo  de insuficiencia cardíaca, arritmias graves y muerte. Por eso se dice que el infarto es una  enfermedad tiempo-dependiente y que “el tiempo es músculo”. 

El tratamiento central es la reperfusión, es decir, restablecer el flujo de sangre. Puede lograrse  mediante una angioplastia (un procedimiento que abre la arteria con un catéter) o mediante  fármacos fibrinolíticos, que ayudan a disolver el coágulo. En el registro argentino, la proporción  de pacientes que recibió alguna estrategia de reperfusión superó el 90% en ocho de los diez  años analizados. Es un nivel alto, pero no se tradujo en una reducción de la mortalidad debido a  que, entre otros factores, en más del 60% de los casos el tratamiento se realizó fuera de los  tiempos recomendados. 

“Los datos nos obligan a mirar más allá de cuántos pacientes reciben reperfusión y a  preguntarnos cuándo la reciben. Podemos contar con profesionales entrenados, medicamentos  efectivos y salas de hemodinamia de última generación, pero si el paciente consulta tarde o  atraviesa demoras evitables dentro del sistema, perdemos una parte sustancial del beneficio. La  mortalidad estable durante diez años no debe naturalizarse: es una señal de que necesitamos  medir los tiempos, identificar dónde se producen los retrasos y corregirlos con una estrategia  sostenida”, afirmó el Dr. Sergio Baratta, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología y  presidente del Congreso SAC.26. 

La demora comienza muchas veces antes de llegar al hospital. La mediana de tiempo entre el  inicio del dolor y la consulta fue de 120 minutos: la mitad de los pacientes tardó al menos dos  horas en pedir atención. El dolor o la presión intensa en el pecho, la falta de aire, la sudoración  fría, las náuseas o un malestar súbito, entre otros síntomas, deben motivar una consulta  inmediata al sistema de emergencias. 

Una vez que la persona ingresa al sistema, el reloj sigue corriendo. El registro mostró una  mediana de 55 minutos entre la llegada y la administración de un fibrinolítico, y de 79 minutos  entre el ingreso y la angioplastia. El tiempo total durante el cual el corazón permaneció con  irrigación insuficiente fue de 180 minutos en quienes recibieron fibrinolíticos y de 315 minutos  en quienes fueron tratados con angioplastia. Ninguno de esos tiempos mejoró de forma  significativa a lo largo de la década. 

1https://world-heart-federation.org/news/heart-of-25by25-a-new-modeling-study-from-aha-and-whf-launches-today/

El problema se vuelve más evidente cuando el primer establecimiento no dispone del  tratamiento requerido y el paciente debe ser derivado. El 44,8% de las personas incluidas en el  registro llegó al centro tratante desde otra institución. En esos casos, el traslado agregó más de  tres horas hasta la reperfusión y duplicó el tiempo total de falta de irrigación: aproximadamente  seis horas frente a tres entre quienes pudieron ser tratados en el primer centro. 

La angioplastia primaria es la estrategia preferida cuando puede realizarse con rapidez. Pero si  se prevé que la espera superará las dos horas, pierde parte de su ventaja y las recomendaciones  indican evaluar el uso temprano de fibrinolíticos antes del traslado, siempre que no existan  contraindicaciones. En la práctica argentina relevada, sólo el 27% de los pacientes derivados  recibió esos medicamentos. Esa baja utilización sugiere que existe una oportunidad concreta de  mejorar los protocolos y evitar que el traslado sea un tiempo perdido para el tratamiento. 

“La fragmentación del recorrido asistencial tiene consecuencias que pueden medirse. No  alcanza con que haya centros capaces de hacer angioplastias si el resto de la red no sabe con  anticipación a dónde derivar, cómo comunicarse, qué tratamiento iniciar y en qué plazo  concretar el traslado. Una red debe funcionar las 24 horas, con protocolos comunes,  responsabilidades definidas, comunicación entre los equipos y evaluación permanente de sus  resultados. La respuesta no puede depender de la buena voluntad o de una llamada aislada en  cada caso”, señaló la Dra. Mirta Diez, presidenta electa de la SAC. 

Las diferencias en los resultados también se observan según se logre o no abrir la arteria. Entre  los pacientes que no recibieron reperfusión, la mortalidad fue del 15,4%, casi el doble que el  7,9% registrado entre quienes sí accedieron al tratamiento. El dato confirma que reperfundir  salva vidas, pero también muestra que todavía hay personas que quedan fuera de una  intervención esencial y que, aun entre quienes la reciben, las demoras limitan su efecto. 

La principal herramienta para modificar esta realidad es desarrollar redes provinciales y  regionales que conecten ambulancias, servicios de emergencias, centros de distinta complejidad  y hospitales con hemodinamia. Estas redes deben definir qué hacer desde el primer contacto:  realizar el electrocardiograma, activar al equipo receptor, elegir la estrategia de reperfusión e  iniciar el traslado. Para sostenerlas se necesitan protocolos comunes, personal entrenado,  medicamentos, ambulancias, comunicación directa y un registro uniforme de los tiempos y  resultados. 

“El estancamiento no responde a una única causa ni se resolverá con una medida aislada. Hay  que trabajar al mismo tiempo sobre la consulta temprana de la población, la organización  prehospitalaria, los protocolos de los centros, la derivación y el acceso oportuno a la reperfusión.  El Congreso permitirá poner estos datos en común y discutirlos con una mirada de calidad:  además de incorporar tecnología, importa lograr que lo que ya sabemos que funciona llegue a  cada paciente, en cualquier lugar del país, dentro del tiempo adecuado”, sostuvo el Dr. Mariano  Falconi, presidente del Comité Científico del 52° Congreso Argentino de Cardiología. 

Reducir la mortalidad cardiovascular también exige prevenir el infarto mediante la realización  de chequeos médicos para controlar la presión arterial, el colesterol, la glucemia y el peso  corporal; adoptar un estilo de vida sano que incluya una alimentación saludable; actividad física,  no fumar y hacer un buen manejo de las emociones y el estrés. La prevención y la mejora de la  atención aguda son aspectos complementarios que forman parte de una misma estrategia para  salvar vidas.