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Hidratate de forma inteligente: agua baja en sodio y salud cardiovascular
La hidratación es un pilar esencial para el buen funcionamiento del sistema cardiovascular. Sin embargo, no todas las fuentes de líquidos tienen el mismo impacto sobre la salud del corazón y los vasos sanguíneos. La Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) destaca la importancia de preferir agua baja en sodio por sobre otras bebidas como aguas con alto contenido de sales, jugos azucarados o gaseosas, dada la evidencia científica que vincula el consumo excesivo de sodio y de bebidas azucaradas con eventos cardiovasculares.
Si bien la SAC realiza habitualmente campañas de concientización del consumo de sodio, es importante también tener en cuenta que el sodio es un mineral esencial, pero su consumo por encima de las recomendaciones se asocia con un aumento de la presión arterial (PA) y un mayor riesgo de eventos cardiovasculares como infarto de miocardio y accidente cerebrovascular. La relación entre ingesta alta de sodio y presión arterial elevada está bien documentada:
– La reducción de la ingesta de sodio disminuye significativamente la presión arterial sistólica y diastólica tanto en personas con hipertensión como en normotensos.
– Múltiples revisiones y metaanálisis muestran que una menor ingesta de sodio se asocia con menor riesgo de eventos cardiovasculares mayores y mortalidad cardiovascular. Asi como también una ingesta menor de sodio genera menos esfuerzo de los riñones y de los vasos sanguíneos para eliminar el exceso, lo que favorece la función renal y la salud arterial.
Y si bien hacemos énfasis, que mantener una adecuada hidratación es de suma importancia, debemos ser muy cautos de qué tipo de hidratación realizamos. Sabemos que tanto los jugos y gaseosas en su mayoría contienen azúcares añadidos y calorías sin efecto hidratante óptimo, y su consumo habitual se asocia con mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular. También que la ingesta de aguas con mayor contenido de sodio pueden aportar cantidades relativamente significativas de sodio, que si bien suelen ser menores que los alimentos sólidos ricos en sal (como ultraprocesados), pueden sumar al consumo total de sodio y afectar la presión arterial en individuos sensibles al sodio.Por último, quisiéramos dejar en claro que la Organización Mundial de la Salud y diversas guías internacionales recomiendan limitar la ingesta diaria de sodio a menos de 2.000 mg/día (equivalente a <5 g de sal) para reducir la presión arterial y disminuir el riesgo cardiovascular. En este contexto, elegir agua baja en sodio como principal bebida, en lugar de aguas con altos contenidos de sales o bebidas azucaradas, se alinea con estas recomendaciones y contribuye a una estrategia dietética saludable. En el mercado argentino existen alternativas, como Glaciar Baja en Sodio, que pueden acompañar esta elección dentro de hábitos orientados al cuidado de la salud cardiovascular.