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El aire que respiramos, el ruido y el estrés: los riesgos para el  corazón que suelen pasar inadvertidos 

21/10/2026

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El aire que respiramos, el ruido y el estrés: los riesgos para el  corazón que suelen pasar inadvertidos 

● La prevención cardiovascular amplía su mirada hacia factores que forman parte  de la vida cotidiana: la contaminación ambiental, las temperaturas extremas, el  estrés sostenido y las condiciones de descanso.  

● Durante el 52° Congreso Argentino de Cardiología, en una mesa conjunta con la  Sociedad Europea de Cardiología, los especialistas abordaron la  relación entre el intestino y el corazón y las investigaciones sobre  microplásticos.

Vivir cerca de una avenida con tránsito intenso, dormir  con ruido constante, respirar humo de incendios o de quemas agrícolas, o atravesar meses de  estrés, en principio parecen problemas ajenos a una consulta cardiológica. Sin embargo, son  exposiciones que pueden afectar al corazón y los vasos sanguíneos. Por eso, la prevención  cardiovascular también contempla las condiciones en que las personas viven, trabajan y  descansan. 

Estos factores se analizaron en la mesa ‘Hábitos, medioambiente y su impacto sobre el riesgo  cardiovascular’, organizada conjuntamente con la Sociedad Europea de Cardiología en el 52°  Congreso Argentino de Cardiología, que se desarrolló del 14 al 16 de octubre en La Rural de  Buenos Aires. También se abordaron la nutrición, la microbiota intestinal, la suplementación y  los microplásticos. 

Los especialistas llaman ‘exposoma’ al conjunto de exposiciones que una persona acumula  durante su vida, incluso desde antes de nacer. Incluye el aire que respira, las sustancias con las  que entra en contacto, las condiciones de vivienda y trabajo, la alimentación, el descanso y el  estrés.

“El corazón no vive separado del ambiente. Una persona puede controlar su presión, su  colesterol y los demás factores de riesgo tradicionales, pero al mismo tiempo estar expuesta  todos los días a aire contaminado, ruido o estrés sostenido. Incorporar estas condiciones a la  prevención nos permite comprender mejor el riesgo y pensar medidas de protección tanto para  cada persona en forma individual como para la comunidad en su conjunto”, expresó el Dr. Koji  Antonio Ishino, médico cardiólogo, asesor del Consejo de CardioEcología y Hábitos Saludables  de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y exdirector de dicho Consejo.  

La contaminación del aire afecta tanto al sistema respiratorio como al cardiovascular. Según la  Organización Mundial de la Salud, el 99% de la población mundial respira aire por debajo de los  límites recomendados de calidad.1 El informe State of Global Air 2025 le atribuyó 7,9 millones  de muertes durante 2023; el 86% correspondió a enfermedades no transmisibles, entre ellas  enfermedades cardíacas, accidente cerebrovascular (ACV), diabetes y enfermedades  respiratorias crónicas.2La Polución del aire se constituye así en la segunda causa de muerte  luego de la hipertensión arterial. 

La contaminación atmosférica contiene gases y partículas microscópicas, como las PM₂,₅, o  material particulado fino que pueden penetrar profundamente en los pulmones y desencadenar  inflamación y alteraciones en los vasos sanguíneos y la coagulación. La exposición persistente  puede contribuir al deterioro de las arterias y sumarse a otros factores de riesgo cardiovascular,  aun cuando no provoque tos u otras molestias inmediatas. 

El tránsito, las industrias, la generación de energía, la quema de residuos y los incendios son  algunas fuentes de contaminación. Dentro de los hogares también influyen el humo de tabaco  y el uso de leña u otros combustibles con ventilación inadecuada. El humo de los incendios  puede viajar grandes distancias y afectar a comunidades alejadas, especialmente a personas con  enfermedades cardiovasculares o respiratorias. 

El ruido persistente del tránsito, los aviones o las actividades industriales también puede afectar  la salud cardiovascular.3 Cuando interfiere con el sueño o provocan respuestas repetidas de  alerta, compromete el descanso del organismo, al punto que la propia Sociedad Europea de  Cardiología destaca la protección del sueño frente al ruido nocturno como parte de la  prevención cardiovascular. También subraya que los próximos planes de política ambiental se  están enfocando en la creación de espacios silenciosos dentro de las ciudades de mayor flujo  turístico y de tránsito. Destacando la creación de micro oasis silenciosos, como podrían ser  patios verdes con jardines verticales, barreras sonoras o implementar zonas de “ruido blanco”  natural con implementación de fuentes de agua.  

“Muchas exposiciones se vuelven tan habituales que dejamos de registrarlas: el ruido que  interrumpe el sueño, el humo que entra a la casa o el calor que soportamos durante la jornada  laboral. Preguntar por esas situaciones ayuda a entender cómo vive cada paciente y qué  dificultades encuentra para cuidarse. La prevención necesita recomendaciones posibles de  cumplir y entornos que acompañen”, señaló el Dr. Nicolás Esteybar, médico cardiólogo y  director del Consejo de CardioEcología de la SAC.  

El estrés ocasional forma parte de la vida. El problema aparece cuando las exigencias, los  conflictos o la incertidumbre se prolongan y mantienen al organismo en alerta. Esa activación  puede alterar la presión arterial, la inflamación y el metabolismo. Además, puede llevar a dormir  peor, abandonar la actividad física, fumar, alimentarse de manera menos saludable o cumplir  con menor regularidad los tratamientos. 

Un estudio publicado en JAMA Network Open siguió durante una mediana de 10,2 años a  118.706 personas de 21 países sin enfermedad cardiovascular previa. Los niveles altos de estrés  se asociaron con un riesgo relativo de enfermedad cardiovascular un 22% mayor y de ACV un  30% mayor que la ausencia de estrés, tras considerar otros factores.4 

“Cuando una persona está sometida a estrés durante mucho tiempo, decirle simplemente que  se tranquilice aporta poco. Necesitamos escuchar qué le está pasando, cómo duerme y qué  posibilidades tiene de sostener hábitos saludables. El cuidado cardiovascular también incluye  reconocer esas dificultades y ayudar a abordarlas, con una mirada que contemple tanto la salud  física como el bienestar emocional”, sostuvo el Dr. César Berenstein, Asesor del Consejo de  CardioEcología y Hábitos Saludables de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC). 

Durante la Mesa científica celebrada en el Congreso de Cardiología también se hará hincapié  como otro tema emergente en los microplásticos y nano plásticos, fragmentos diminutos de  plástico presentes en el ambiente. Un estudio publicado en 2024 en The New England Journal  of Medicine los detectó en placas extraídas de arterias carótidas de pacientes operados. Su  presencia se asoció con más infarto, ACV o muerte durante el seguimiento, aunque el estudio  no demuestra que esas partículas hayan causado los eventos.5 

Los especialistas coinciden en que mejorar el aire, reducir el ruido y crear entornos saludables  requiere decisiones que exceden la voluntad individual. En una declaración conjunta de 2026,  las principales sociedades internacionales de cardiología reclamaron políticas de transporte  limpio, espacios verdes y control del ruido, con especial atención a las poblaciones vulnerables.6 

1https://www.who.int/health-topics/air-pollution 

2https://www.stateofglobalair.org/news-events/2025/new-state-global-air-2025-report-shows-nearly-nine-ten-global-air-pollution-deaths

3https://www.escardio.org/news/press/press-releases/global-societies-unite-to-address-environmental-threats-to-heart-health/

4https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2787178 

5https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2309822 

6https://www.escardio.org/news/press/press-releases/global-societies-unite-to-address-environmental-threats-to-heart-health/