Transfusión sanguínea post intervención coronaria percutánea y riesgo de eventos adversos. Revisión sistemática y metaanálisis de la literatura

Por los Dres. Santiago Coroleu y Jorge G. Allín | Consejo de Hemodinamia y Cardiología Intervencionista

Blood Transfusion After Percutaneous Coronary Intervention and Risk of Subsequent Adverse Outcomes. A Systematic Review and Meta-Analysis
Kwok CS et al.
J Am Coll Cardiol Intv 2015;8:436–46 – doi: 10.1016/j.jcin.2014.09.026

Los avances en el tratamiento antitrombótico y antiagregante plaquetario determinaron una mejoría en el número de eventos isquémicos posteriores a una intervención coronaria percutánea (ICP), pero determinaron un aumento en los eventos hemorrágicos relacionados con el procedimiento.

Si bien son múltiples las publicaciones que relacionan el sangrado con eventos adversos cardiovasculares mayores (EACM) y mortalidad total en el contexto clínico de los síndromes coronarios agudos, no existe una revisión sistemática en la literatura que evalúe la mortalidad total y los EACM en pacientes sometidos a una angioplastia coronaria que requirieron transfusiones sanguíneas peri procedimiento.

En ese contexto, se decidió realizar el presente metaanálisis, en el cual se incluyeron 19 estudios (sólo 3 randomizados, todos con análisis pos hoc), con 2.381.623 pacientes intervenidos y más de 54.000 transfusiones sanguíneas. Se realizó un análisis primario sobre mortalidad total y EACM en pacientes en quienes recibieron o no transfusión sanguínea.

La prevalencia de transfusión en el contexto de una angioplastia coronaria fue del 2.3% (entre 1.6 y 22%). La mortalidad total fue del 12.6% (6.435/50.979) versus 1.2% (27.061/2.266.111) en pacientes que recibieron transfusión versus aquellos que no lo hicieron, respectivamente. La tasa de EACM en pacientes transfundidos fue del 17.4% (8.439/48.518) versus 3.1% (68.062/2.212.730) en los no transfundidos. Los resultados del meta-análisis confirmaron que la transfusión sanguínea aumentó en forma independiente la mortalidad (OR 3.02, IC 95% 2.16- 4.21) y los EACM (OR 3.15, IC 95% 2.59-3.82).

Se obtuvieron observaciones similares en un estudio que ajustó estos resultados al valor basal de hematocrito, la presencia de anemia y de sangrado durante la internación. Se observó que la mortalidad aumentó de manera significativa con la presencia previa de anemia (OR 2.74 versus OR 0.48), como así también con el número de unidades transfundidas (1-2 unidades OR 6.31 versus ≥ 3 unidades OR 10.78).

Es importante destacar que dentro de las características clínicas de los pacientes que recibieron transfusiones estos eran más ancianos, la mayoría de sexo femenino, presentaban más comorbilidades y mayor compromiso hemodinámico, por lo que la mortalidad era mayor. Sin embargo, luego de eliminar los factores de confusión, la transfusión sanguínea persistió como un predictor independiente de mortalidad.

A modo de conclusión podemos destacar que los pacientes que reciben transfusiones triplican el riesgo de mortalidad y de eventos cardiovasculares mayores. Por ello, en los pacientes a los cuales se realiza una angioplastia coronaria se deben minimizar los riesgos de sangrado utilizando diversas estrategias específicas para tal fin (uso de anticoagulantes con menor tasa de sangrado y acceso radial), especialmente en aquellos con alto riesgo de sangrado. Debiera limitarse el uso de transfusiones sanguíneas a pacientes seleccionados con sangrado activo.

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