Hipertrigliceridemia: claves para su tratamiento y prevención de la enfermedad cardiovascular

Por el Dr. Pablo Corral | Consejo de Epidemiología y Prevención Cardiovascular Dr. Mario Ciruzzi

Management of Hypertriglyceridemia for Prevention of Atherosclerotic Cardiovascular Disease
Brinton E.
Cardiol Clin 2015; 33: 309–323 – DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.ccl.2015.02.007

La epidemia mundial de obesidad y diabetes tipo 2 ha llevado a la hipertrigliceridemia (HTG) a ser una alteración del perfil lipídico frecuente y habitual de encontrar en la práctica médica cotidiana.

Décadas han pasado en cuanto al planteo si la HTG constituye un marcador de riesgo, o en un real factor de riesgo cardiovascular pasible de tratamiento.

La HTG ha demostrado ser un claro factor de riesgo cardiovascular en base a estudios epidemiológicos, y recientemente confirmado como consecuencia de los datos derivados de ensayos de randomización mendeliana. Al llegar a esta conclusión, se plantea la necesidad de reducir los niveles de triglicéridos a fin de disminuir y controlar el riesgo residual de enfermedad cardiovascular.

La participación e importancia de las medidas higiénico-dietéticas en el manejo de la HTG es básica y fundamental. Ninguna otra alteración de los lípidos responde de manera tan marcada como la HTG al adecuado control de los factores dietéticos y a la actividad física.

Distintas estrategias farmacológicas se han propuesto con el objetivo de controlar la HTG; cuando los niveles de triglicéridos superan los 500 mg/dL, los fibratos se plantean como primera opción a fin de prevenir primariamente la pancreatitis. Ésta constituye una clara situación donde un hipolipemiante NO estatínico aparece como primera elección.

Los ácidos grasos omega 3 presentan evidencia clara en su capacidad de disminuir los niveles de triglicéridos con potencial beneficio de ser un producto natural, falta de asociación con miopatía, y finalmente poseer potenciales efectos beneficiosos como los antiinflamatorios, cognitivos, hematológicos, etc.

La niacina aparece como tercera alternativa al manejo de la HTG, en base a su pobre adherencia secundaria a sus efectos no deseados (flush) y al potencial aumento de los niveles de glucemia plasmática.

Las estatinas permanecen como primera opción para manejar el riesgo cardiovascular cuando los niveles de triglicéridos son menores a 500 mg/dL.

Comentario

La HTG se ha convertido en un claro factor de riesgo cardiovascular y como consecuencia de esto, es imperativo su control y manejo a fin de disminuir los potenciales eventos vasculares.

Los recientes reportes de la participación de la apoC-III en la fisiopatogenia de la HTG y el consecuente aumento del riesgo vascular, apoyan los ya clásicos estudios epidemiológicos y observacionales en cuanto a esta relación causal.

Consecuentemente con esto, nuevas tecnologías farmacológicas (terapia antisense) que actúan sobre la apoC-III (iapoC-III) se están desarrollando y se encuentran ya en fase 3 en pacientes con elevaciones extremas de triglicéridos como es el síndrome de hiperquilomicronemia.

Las estrategias actuales y disponibles para el manejo del riesgo residual asociado a la HTG parten con las medidas básicas y fundamentales higiénico-dietéticas, pasando a los recursos farmacológicos cuando estas no son suficientes.

Desde el punto de vista farmacológico, los fibratos y los omega 3 (derivados de peces de agua fría) son los compuestos de elección. Recordemos que el fibrato de elección para asociar a estatinas es el fenofibrato o ácido fenofíbrico (el gemfibrozil se encuentra contraindicado en este esquema por el alto riesgo de miopatía).

Finalmente y como conclusión, el rol de la hipertrigliceridemia en el riesgo cardiovascular es indiscutible. Frente a este escenario uno debería plantear su tratamiento en base a las medidas higiénico-dietéticas y sumar estrategias farmacológicas disponibles (fibratos, omega-3, niacina), a fin de disminuir el riesgo inherente a la HTG.

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