Beneficios del Ejercicio en pacientes con cáncer y criterios para la prescripción de ejercicio en Cardio – Oncología

Posted On 09 Dic 2019
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Autores: Flavio D’ Ascenzi, et al.
European Journal of Preventive Cardiology 2019. 0 (00): 1- 13. 
Comentario Dres Maria Estela Tettamanti y Daniel Santos

El cáncer y las enfermedades cardiovasculares, principales causas de muerte en países de elevados ingresos, comparten factores de riesgo como la edad avanzada y el estilo de vida no saludable. Su estrategia común de prevención está basada en el cambio de estilo de vida y la práctica regular del ejercicio. En el caso de la cardiotoxicidad asociada al tratamiento del cáncer, más allá de estas medidas, es muy importante el estudio detallado de la causa precisa de la afectación cardiaca, ya que siempre debe tratarse correctamente. Esta revisión propone un abordaje para la prescripción de ejercicio en pacientes oncológicos, basado en un enfoque individualizado para cada paciente. 

Los pacientes oncológicos suelen ser menos activos físicamente que los no oncológicos. Un metaanálisis con casi 50000 pacientes (con cáncer de colon o mama) mostró una reducción de la mortalidad global de entre 24 y 28% cuando se ejercitan de forma regular al menos 150 minutos semanales (planes supervisados o no supervisados en domicilio), dato directamente relacionado con el consumo pico de oxígeno de los pacientes. Por cada 3,5 ml de incremento del consumo pico de oxígeno hay entre un 10 a 25% de reducción de riesgo relativo de la mortalidad global. Algunas pacientes con cáncer de mama presentan un deterioro del consumo pico de oxígeno de hasta 15% a lo largo de su tratamiento quimioterápico (equivalente a lo que supondría un envejecimiento de 15 años), que puede atenuarse parcialmente si se ejercitan durante el tratamiento. 

Otros autores en cambio, han encontrado que pacientes que reciben trastuzumab como tratamiento del cáncer de mama, desarrollan dilatación cardiaca y disfunción ventricular independientemente del nivel de ejercitación que realicen. Esto podría deberse en parte a la falta de adherencia de las pacientes para con el plan de ejercicio, ya que el escenario clínico es diverso y condiciona muchos aspectos en relación a la práctica del ejercicio. Debe tenerse en cuenta que aspectos intra o post tratamiento, como desacondicionamiento, fatiga, caquexia, elevado riesgo de infecciones, anemia y trombocitopenia, metástasis óseas y movilidad alterada, requerirán estrategias y tratamientos dirigidos. Incluso pueden contraindicar la realización de ejercicio o bien favorecer un tipo de ejercicio sobre otro.

Fisiológicamente, los beneficios del ejercicio son amplios, y abarcan desde cambios favorables en el sistema inmunológico y salud ósea, hasta mejoría de las funciones metabólicas, efectos antioxidantes sistémicos y calidad de vida. Desde lo cardiovascular, favorece la hipertrofia miocárdica adaptativa al ejercicio que protege contra la dilatación cardiaca y mejora la función diastólica gracias a la optimización del manejo del calcio intracelular.

Hasta el momento no hay ensayos que evalúen el momento óptimo para iniciar un plan de ejercicio luego de recibir quimioterapia/radioterapia, ni qué tipo de ejercicio es más beneficioso (si bien suele preferirse el ejercicio aeróbico por su conocido beneficio cardiovascular). El plan deberá ser individualizado a cada paciente y cuidadosamente prescrito luego de un abordaje multidisciplinar entre los especialistas tratantes. Se recomienda la realización basal de un test de ejercicio cardiopulmonar para conocer la respuesta individual de cada paciente al ejercicio y su umbral anaeróbico, datos que permitirán prescribir la intensidad de ejercicio en cada caso. Debe tenerse en cuenta que conforme progresan el plan de ejercicio y la evolución oncológica, se requerirán nuevas valoraciones funcionales para adecuar el plan a cada etapa evolutiva.

En conclusión, si bien el ejercicio es una intervención promisoria que podría ayudar a disminuir el impacto de la cardiotoxicidad en los pacientes oncológicos, se requieren más estudios para establecer su seguridad y la tolerabilidad en estos pacientes, así como para conocer cuál sería el plan y momento más apropiados y beneficiosos en cada caso. Es, sin duda, una línea de investigación prioritaria en el campo de la Cardio – Oncología, y como especialistas deberíamos abocarnos a su estudio, para en un futuro no muy lejano, comenzar a prescribir ejercicio en este subgrupo de pacientes con el mismo nivel de eficacia y seguridad que en otras poblaciones de pacientes con afectación cardiovascular.