Mapa argentino de complicaciones cardiovasculares asociadas al Covid-19

Relevamiento conjunto de la SAC y la FAC

Entre mayo y octubre de 2020, es decir, apenas comenzada la primera ola de la pandemia por Coronavirus, la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y la Federación Argentina de Cardiología (FAC) llevaron adelante de forma conjunta el Primer Registro Argentino de Complicaciones Cardiovasculares en pacientes con COVID-19 (RACCOVID-19).

Este relevamiento puso de manifiesto de manera concreta la realidad local y mostró, entre otros datos, que un 15,3% de los pacientes internados por el virus presentó afectaciones en su corazón. A su vez, los datos señalan que hubo un 19,3% de mortalidad global, cifra que alcanzó al 48% entre quienes atravesaron complicaciones cardíacas. Para ambas sociedades científicas es sumamente valioso obtener cifras y desarrollar evidencia a nivel local, tanto regional como nacional, para de este modo poder discutir políticas públicas sanitarias sobre la base de datos concretos.

“Sabemos que los virus pueden afectar de forma multisistémica a los seres humanos, como es el caso del SARS-CoV-2 que produce la enfermedad coronavírica 2019 (COVID-19) y que llevó a que la Organización Mundial de la Salud declarara la pandemia en marzo de 2020. Lo que sabíamos en ese momento era que causaba, por una parte, enfermedad pulmonar con diferentes grados de afección sistémica, pero también empezábamos a advertir algunos reportes de complicaciones cardiovasculares; entonces, quisimos saber cuál era su frecuencia”, señala la Dra. Lucía Kazelian, investigadora principal del RACCOVID-19, Jefa de Internación del Hospital General de Agudos Dr. Cosme Argerich y miembro titular de la SAC.

Para el RACCOVID-19, que tuvo lugar entre el 18 de mayo y el 31 de octubre de 2020, se incluyeron 2.750 pacientes internados por infección con coronavirus de 50 centros de 11 provincias, entre las cuales se encontraban: Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Salta, Santa Fe, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Formosa y Neuquén, y también participaron hospitales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La edad media de quienes ingresaron fue de 57 años y el 60,2% era de sexo masculino.

“Lo que vimos fue que -entre los pacientes internados- un 15,3% presentó complicaciones cardiovasculares y, de ese porcentaje, la más frecuente fue la insuficiencia cardíaca, en el 43,5% de los casos. Algunos desarrollaron esta condición porque el virus compromete al músculo cardíaco, otros pacientes ya tenían insuficiencia cardíaca de base y -como con cualquier infección viral- se reagudizaba la situación; lo mismo ocurría cuando aparecían arritmias, las cuales se complican con insuficiencia cardíaca, es decir, cuando veíamos complicaciones cardiovasculares muchas veces los pacientes combinaban más de una”, indica la Dra. Kazelian.

Dentro de ese 15,3% de complicaciones, un 33% correspondió a arritmias, un 31,1% presentó daño miocárdico, un 11,2% complicaciones tromboembólicas y un 1,9% miocarditis.

“Al comienzo de la pandemia todo apuntaba a que el virus tenía su mayor impacto en las vías respiratorias. No obstante, entre ambas sociedades demostramos con este trabajo que las complicaciones cardiovasculares pueden llegar a ser un problema importante dentro de la enfermedad. Teniendo en cuenta que en esa primera ola las personas que se internaban eran todos los contagiados con síntomas, es decir, no sólo quienes cursaban las formas más graves de la enfermedad, sino también los pacientes con enfermedad leve, esta tasa de complicaciones cardiovasculares es importante, porque había pacientes internados no tan graves y un 15,3% de complicaciones cardiovasculares en esa primera ola es una tasa elevada”, advierte el Dr. Gerardo Zapata, investigador principal del registro, Vicepresidente 2° de la FAC y Jefe de la Unidad Coronaria del Instituto Cardiovascular de Rosario.

Dentro de ese 15,3% que presentó complicaciones cardiovasculares, en el 80% de los casos había factores de riesgo, algún antecedente cardíaco o algún problema en el corazón previo como insuficiencia cardíaca, hipertensión o arritmias, lo cual generaba un peor pronóstico.

“Los pacientes con complicaciones eran de mayor edad, tenían en promedio 10 años más que la media de las personas ingresadas y eran de sexo masculino. Aquellos con factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión arterial, obesidad o diabetes, fueron quienes más complicaciones experimentaron. Pero también tuvimos una tasa importante de complicaciones en individuos con enfermedad renal y en personas con problemas pulmonares como EPOC o asma bronquial”, agrega el Dr. Zapata.

En referencia a esto último, el RACCOVID-19 detectó variables independientes predictoras de un peor pronóstico, como la edad, el sexo masculino, antecedentes patológicos, antecedentes de insuficiencia renal y anemia, complicaciones cardiovasculares y estado clínico grave de Covid-19.

Respecto de la mortalidad global del estudio, la misma fue del 19,3%, pero dentro del 15,3% de pacientes que presentó complicaciones cardiovasculares fue más elevada, del orden del 48%. De acuerdo al registro, la edad promedio de quienes se complicaban era de 67 años y la edad promedio de quienes fallecían fue de 70 años.

“La mortalidad registrada fue elevada, sobre todo porque habían ingresado pacientes con enfermedad que no era severa. La tasa de mortalidad que registró RACCOVID-19 es muy similar a la reportada en casi todos los registros internacionales. Hay un registro europeo de 19 países y 90 centros con información de algo más de 3.000 pacientes que mostró similar tasa de complicaciones cardiovasculares y de mortalidad. Es importante que nuestro registro, en un solo país realizado en 50 hospitales de 11 provincias, mostró datos muy semejantes a los mundiales”, manifiesta el Dr. Zapata.

Para el Dr. Alejandro Hershson, Presidente de la SAC y Jefe de Cardiología de la Fundación Favaloro, es muy valiosa la labor conjunta de las sociedades científicas: “en la Argentina nos están faltando datos nacionales; durante mucho tiempo nos basábamos en datos de otros países para extrapolarlos al nuestro. El objetivo de hacer este registro en forma conjunta entre la SAC y la FAC fue el de tener datos propios. Además, si cada una de las organizaciones brinda información por separado, puede generarse confusión y no se va a reflejar la realidad del país”, enfatiza.

En la misma línea opina el Dr. Eduardo Perna, Presidente de la FAC y Jefe de la División de Insuficiencia Cardíaca e Hipertensión Pulmonar del Instituto de Cardiología de Corrientes, quien destacó la actividad conjunta de ambas entidades y la rápida reacción frente a la pandemia. “La SAC y la FAC son dos organizaciones dirigidas hacia la Cardiología y entre las dos logramos cubrir y tener un acceso a todo el país. Desde hace varios años se ha ido incrementando esta interacción y el registro se inscribe dentro de estas actividades. Fue una rápida reacción a una pandemia que se inició en marzo. Nuestro objetivo fue producir datos nacionales, esto es muy relevante porque muchas veces no hay datos de todas las patologías, o si los hay, representan sólo a una parte del país, de allí la importancia”, sostiene el Dr. Perna.

Ambos presidentes coinciden al indicar que el trabajo conjunto es ‘un signo de madurez de la Cardiología argentina’. “La pandemia, lejos de dividir, nos unió. También se evidenció una enorme madurez de la investigación argentina, hubo mucha información generada en relación al Covid-19, mucho más de lo que ha ocurrido en otras patologías, con varios trabajos locales que se publicaron en revistas prestigiosas y de los cuales participaron cardiólogos de la SAC y la FAC. La pandemia ha generado una revalorización de la salud pública, sin desmedro de la actividad privada, claro. Creo que es un llamado a la atención y a la acción de cada uno de los involucrados en la toma de decisiones y en la planificación de cómo se manejan estas situaciones”, asegura el Dr. Perna.

“Tener datos no sólo sirve para hacer una presentación conjunta, sino además para tomar decisiones y reunirnos con las autoridades sanitarias locales, provinciales o nacionales, para diseñar políticas públicas. El objetivo es que estos números sirvan para pasar a la acción, para ir a intercambiar información con el Estado y conseguir lo necesario para mejorar nuestro sistema sanitario”, concluye el Dr. Hershson.

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