“La magia de la cirugía cardiovascular sin cirugía, recordando al Dr. Alain Cribier” por la Dra. Carla Agatiello

Intento revivir mentalmente todo lo que ocurrió desde 2002, año en el que fui becada a Francia al centro CHU de Rouen en donde el Profesor Alain Cribier iniciaba su first-in-man del implante valvular aórtico percutáneo (TAVI). Este francés absolutamente fuera de lo común, con una habilidad manual, generosidad con sus conocimientos y rasgos de “ genio loco”, transformó la experiencia de vivir mi formación, en paralelo al desarrollo de uno de los inventos más importantes de la cardiología intervencionista, en una experiencia excepcional.

Estar en el momento justo, en el lugar indicado y  con la persona correcta fue una bendición que cambió mi carrera profesional para siempre. Transformé mi fellowship en una experiencia extraordinaria porque fui parte del espíritu de estar con un grupo magistral, haciendo una intervención a la que pocos creían “ factible”.

Alain era un distinto, una personalidad renacentista, ya que no solo era un inventor incansable (comisurótomo mitral, valvuloplastia aórtica con balón e implante TAVI), sino también un pianista excepcional, un pintor impresionista y un mentor generoso como pocos. El hacía que todos quisiéramos aprender más, escribir más y el ámbito era de una convivencia muy equilibrada entre curiosidad, innovación y trabajo arduo…. Las jornadas en el Cath Lab de CHU Rouen , arrancaban a las 8 y terminaban cuando Alain Cribier o Hélène Eltchaninoff decidían irse, alrededor de las 19-20 hs.

Mi única función era aprender lo máximo posible. Estando sola en el extranjero los días eran largos pero muy estimulantes, por lo que me quedaba poco tiempo para extrañar. Quiso y quise prolongar mi estadía para completar la investigación  de los primeros 40 TAVI del mundo , y así ayudarlo …

Fue mi mentor, mi padre francés, la persona que primero confió en mí, con poquísima experiencia … El vio en mi cosas o habilidades que ni yo sabía que poseía. Yo me esmeraba por no tirar catéteres al piso, ayudaba en el reclutamiento de pacientes, llevaba la base de datos, por lo que poco a poco me transformé en imprescindible

El confiaba en su equipo y todos confiábamos que su invento funcionaría, algo que hoy parece obvio pero que hace 22 años no era tan evidente .
Mucho antes de la venta de su idea a Edwards, los primeros casos eran pacientes compasivos, moribundos, por lo que era difícil llegar a cada intervención sin terminar cada implante con masaje cardíaco.

La vorágine, la adrenalina , la sensación que todos teníamos (Hélène Eltchaninoff , mis dos colegas fellows extranjeros Vasilis Babaliaros y Deborah Nercolini) de estar siendo testigos de algo muy importante hacía que quisiéramos facilitarle la vida a Alain, en cada paso o detalle de la intervención.  De a poco se empezó a saber lo que hacíamos por lo que a mediados de 2003, sumábamos viajes de Alain completamente locos para presentar su invento  tratando de coordinar los implantes entre viajes… Creo que todos viajamos con millas de Alain durante nuestra formación.

Este hombre, este genio renacentista deja una enorme cantidad de médicos cardiólogos intervencionistas desolados. Pero para quienes vivimos con él, pensamos que el hubiese querido irse así, rápido, veloz, sin sufrimiento.

Alain descansa en cada uno de los que hacemos intervenciones estructurales gracias a su genial invento. El está en el “ corazón de millones de pacientes que llevan una prótesis TAVI en sus pechos”. Siempre te recordaremos y daremos testimonio de tu genialidad y don de “Buen mentor “.

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