La enfermedad valvular del maestro de go

Corre junio del año 1938. En la posada Koyokan, en Japón, comienza una partida de go, juego de mesa en el que dos oponentes, uno con fichas blancas, otro con negras, luchan por ocupar territorio en un tablero cuadriculado de 19 x 19 líneas que al cruzarse definen 361 puntos en los que colocar una ficha alternativamente. Cada uno busca rodear al otro delimitando sectores propios. Después de unos 200 a 250 movimientos aproximadamente, el partido termina con un ganador. El encuentro al que nos referimos no es uno cualquiera: en él se enfrentan el mejor jugador hasta el momento, Honinbo Shusai, de más de 70 años, y su retador, el joven Kitani Minoru.

A los pocos días de comenzado el encuentro comienza a notarse que el maestro Shusai está enfermo, aún cuando él mismo no parezca percibirlo.

“Quizás el Maestro había sentido apenas una punzada en el pecho. Su condición cardíaca empeoraba a medida que el encuentro avanzaba, y tal vez había sentido el primer espasmo en ese momento… Pero el propio Maestro no parecía consciente de su dolencia y de su dificultosa respiración. No había ninguna señal de dolor o de inquietud en su cara, ni se había llevado la mano al pecho.”

“Bajo los párpados pesados, casi hinchados, los pequeños ojos despedían una luz provocadora”.

Con el correr de los días, y debido al esfuerzo intelectual y vital que la partida le demanda, el padecimiento se hace más evidente para los demás…

“La primera señal de que la mujer del Maestro estaba preocupada por su salud se reveló el 21 de julio, el día de la tercera sesión en Hakone. —Ha sentido dolores aquí —dijo, llevándose la mano al pecho”.

“El largo, extenuante certamen había agravado su condición cardíaca que desde hacía mucho lo hacía padecer, y aparentemente el dolor en su pecho había sido intenso durante algunos días. Pero no se había permitido deslizar ni una palabra sobre esto. Desde principios de agosto su rostro había empezado a hincharse y los dolores en el pecho habían empeorado”.

…y para sí mismo.

“—La hinchazón no es algo que me preocupe demasiado —explicó a Kumé, editor literario de Nichinichi—. Sino todas las cosas que suceden aquí —y dibujó un círculo sobre su pecho—. Tengo problemas para respirar, y sufro palpitaciones, y a veces siento como si un enorme peso me presionara. Me gusta imaginarme joven. Pero me he vuelto muy consciente de los años desde que cumplí cincuenta”.

Hacen su entrada en la historia los médicos, y con ellos llega el diagnóstico.

“La mañana del seis, gracias a los buenos oficios del Nichinichi, el doctor Kawashima llegó de Tokio para examinar al Maestro. La válvula de la aorta no estaba funcionando bien”.

“Sí —me contó absorto como de costumbre—. Me examinaron en el San Lucas el día anterior a mi llegada. El doctor Inada tenía sus dudas. Mi corazón no está bien todavía, dijo, y hay un poco de agua en la pleura. Y después el doctor aquí, en Ito, encontró algo en mis bronquios. Supongo que me he resfriado”.

Pasan, con interrupciones debidas a la necesidad de hospitalizar a Shusai, 6 meses. La partida termina con el triunfo de su rival. Y al cabo de un año, sólo queda la muerte.

“El Maestro y su mujer llegaron a la posada Urokoya el 15 de enero. Yo había estado parando en la posada Juraku desde hacía unos días. Mi mujer y yo arribamos allí la tarde del 16. …Insistió para que nos quedáramos a cenar y para tener una larga charla. Hace realmente mucho frío —dije—. Cuando vuelvan los días cálidos, deberíamos ir a Jubako o Chikuyo… Después que nos fuimos, me contaron que tomó un baño caliente. Su mujer lo había ayudado. Luego, en la cama, tuvo dolores en el pecho y dificultad para respirar. Murió antes del amanecer dos días más tarde”.

A la partida que mencionamos asistió como enviado de un diario Yasunari Kawabata, cuyas crónicas, debido al interés que el juego generaba, fueron seguidas por cientos de miles de personas en todo Japón. Estos escritos fueron la base para la redacción de su novela El maestro de go, que, publicada en 1951, es sin duda su obra más conocida y leída. No se trata solo del relato del enfrentamiento entre dos jugadores. Es, como podrá adivinarse, la alegoría de la lucha entre la juventud y la vejez, de la oposición entre los ritos, el ceremonial y la tradición frente a las nuevas reglas y modos; es, en fin, el retrato de un hombre que ha dominado su mundo y, sobre el final, asiste al cambio que lo desplaza. La enfermedad es otro rival más contra el que luchar, otro rival más frente al que rendirse.

Kawabata, autor además entre otros libros de Lo bello y lo triste, Historias en la palma de una mano y País de nieve, fue el primer japonés en ganar el premio Nobel, en 1968. Como lo había hecho su famoso amigo y discípulo Yukio Mishima, decidió terminar con su vida; murió en 1972.

Jorge Thierer

 

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