El corazón y las palabras (Parte 2)

Muchas de las palabras que empleamos diariamente y en forma repetida en nuestra práctica médica tienen orígenes que remiten a situaciones o condiciones insospechadas. Sabemos que las estructuras fundamentales del corazón son las aurículas y los ventrículos, lo sabemos repetirse sin descanso en sístoles y diástoles.

Aurícula y ventrículo son palabras que provienen del latín, y se refieren a otras partes del cuerpo, como si el corazón fuera una persona en la que se reitera el esquema corporal. Aurícula (de auris), significa pequeña oreja (recordar el pabellón auricular, o los auriculares), y uno no puede menos que reparar en que la orejuela de la aurícula es, entonces, la orejita de la orejita. Ventrículo, a su vez, deriva de venter, vientre. Es el pequeño vientre del corazón, y, como el original, su agrandamiento no augura nada bueno.

En cambio, sístole y diástole nos llegan desde el griego. Sístole de systellein, (reunir, tirar juntos, contraer) y diástole de diastellein (poner aparte, separar, dilatar), en el sentido de marcar una pausa o distinción, una separación entre dos sístoles, que se evidencia por la expansión o dilatación del ventrículo.

Por las arterias, quién lo duda, transita la sangre. Sin embargo, la palabra proviene del griego aer (aire) y terein (contener), porque al realizar su tarea los disectores de cadáveres encontraban que los vasos estaban vacíos. Con el tiempo, aprendieron a distinguir entre los conductos de sangre (arteria leia, arteria lisa) y uno por el que efectivamente pasa el aire, la arteria tracheia, arteria áspera o rugosa, la tráquea.

El nombre de la arteria principal, la aorta, también nos llega del griego, y también tiene que ver con hallazgos de la necropsia (que, dicho sea de paso, viene de nekros, cadáver, y opsis, vista). La palabra griega aorter significa correa; y es que al abrirse el cuerpo la aorta puede ser vista como una correa de la que están suspendidos el corazón y el resto de las vísceras.

La palabra carótida se origina en el griego karotikos, algo pasmoso, atontante; porque era obvio que comprimirla podía llevar al desmayo. De la misma palabra deriva garrote, el instrumento empleado para aplicar la pena capital consistente en un collar de hierro con un tornillo que al ser girado ocasionaba la rotura del cuello.

Por último, si la palabra arteria viene de Grecia, la palabra vena proviene del latín vena. Pero el sentido de vaso que conduce sangre es, para la palabra vena, sólo uno de tantos: vena es también un estilo, una manera, una estría de color, un curso de metal en una roca, hasta un manantial. Quizás sea más específica de vena con el significado que nos interesa la palabra griega phleps, que sobrevive en flebólogos y flebótomos. Y cómo olvidar entre las venas a la cava, femenino del latín cavus, hueco; porque para los anatomistas sólo se hacía evidente cuando se removían las vísceras de tórax y abdomen.

Dr. Jorge Thierer

Fuentes consultadas

Joan Corominas. Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. Editorial Gredos, Madrid, España, 2000.
William Haubrich. Medical Meanings. A Glossary of Word Origins. American College of Physicians, Philadelphia, Estados Unidos de América, 2003.

 

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