Auenbrugger y la percusión: un golpe de inspiración

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Durante siglos y siglos el arte del diagnóstico médico se limitó al interrogatorio cuidadoso y a la inspección de lo que el cuerpo exponía en su superficie. En esta sección acompañamos a los chinos y su pretensión de descubrir dolencias examinando la lengua, y a los griegos y el hincapié de la escuela hipocrática en la observación. Pero, ¿qué pasaba en el interior del cuerpo, cómo se manifestaba la enfermedad? El desarrollo de la disección de cadáveres permitió acercarse a los procesos patológicos, pero cuando ya era tarde. Y eso, cuando se permitía trabajar con cuerpos humanos. Recordemos a Galeno, desarrollando sus teorías a partir del estudio de monos, conejos o aves. El enorme desarrollo de la anatomía en el siglo XVI, con la figura de Vesalio como mascarón de proa, corrigió sin duda muchos errores de interpretación. Los médicos, sin embargo, seguían llegando al lugar de los hechos cuando ya no había nada para hacer. ¿De qué manera podía diagnosticarse antes de la muerte el proceso que luego la autopsia mostraba tan en detalle?

Los siglos XVIII y XIX fueron pródigos en avances en ese sentido. Vamos en esta entrega a centrarnos en la figura de Leopold Auenbrugger, el “inventor” de la percusión. Nació en Graz en 1722. Su padre era dueño de una posada, y desde niño aprendió a definir mediante golpecitos en los barriles de vino y cerveza que almacenaban cuán llenos estaban de acuerdo a los sonidos que les arrancaba. Su familia le costeó los estudios de medicina en la Universidad de Viena, y se recibió a los 30 años. Desde 1751 se desempeñó en el Hospital Español, y fue allí, donde recordando su experiencia con los toneles, pensó que podía aplicar el mismo método al tórax de los pacientes y diagnosticar así la presencia de lesiones diversas y colecciones líquidas. Como más tarde haría Laënnec, que corroboraba sus hallazgos auscultatorios en los pacientes vivos con los resultados de las autopsias cuando morían, de igual manera procedió 60 años antes Auenbrugger. Es más, trabajaba con cadáveres inyectándoles líquidos en cantidades establecidas en la pleura para relacionar su presencia con sonidos de distinto timbre y matiz. Claro, igual que Laënnec, el inventor del estetoscopio, era en lo suyo un virtuoso. Tal vez por la memoria que guardaba de su saber infantil, tal vez porque no era solo médico, sino también músico (escribió de hecho una ópera a la que puso música Salieri, maestro de Beethoven y dudoso rival de Mozart en la corte de Viena), Auenbrugger era capaz de discernir cuatro modalidades de sonido: alto, profundo, claro y oscuro. Más allá de los hallazgos en pulmones, fue el primero en describir la matidez cardíaca. Un signo lleva su nombre, consistente en la presencia de un abultamiento en el epigastrio debido a la acumulación de derrame severo en el pericardio.

Auenbrugger desarrolló la técnica de la percusión directa, que consiste en golpear el tórax con las puntas de los dedos juntos. En 1761 publicó el fruto de sus estudios en un librito de menos de 100 páginas: Inventum novum ex percussione thoracis humani ut signo abtrusos interni pectoris morbos detegendi. Como corresponde a tantos precursores, su obra fue inicialmente poco valorada en los círculos médicos de Austria. Hasta hubo quienes le negaron originalidad, y se remitieron a la sucusión hipocrática (que consiste en sentar al paciente y sacudirlo con movimientos laterales, lo cual permite escuchar en caso de hidroneumotórax un rumor de oleada). Pero poco a poco la lectura cuidadosa de algunos contemporáneos y la traducción a otras lenguas fueron haciendo un lugar a la percusión. En 1808 Corvisart, médico personal de Napoleón, tradujo el Inventum Novum al francés (no fue la primera traducción a ese idioma, pero sí la más importante y difundida por el prestigio y autoridad del autor), y agregó sus propias observaciones con el nuevo método diagnóstico. Fue la entrada del mismo en la Medicina Interna, de la que sería uno de los pilares. Más tarde se desarrollaría la percusión indirecta, con la interposición entre los dedos que martillan y el tórax de un cuerpo sólido (el plesímetro) o bien del dedo mayor de la otra mano, que es la forma en que todos nosotros, mal que mal, seguimos haciéndolo. Para entonces Auenbrugger ya había muerto, en 1798 para algunos, entre 1807 y 1809 para otros. Queda solo por recordar que al describir Laënnec el uso del estetoscopio recomendaba firmemente comenzar el examen con la maniobra del hijo del posadero.

Auenbrugger y la percusión: un golpe de inspiración

Jorge Thierer

Fuentes consultadas

L M Magner. A History of Medicine. Taylor & Francis Group 2005.

Díaz Novás J, Gallego Machado B. La percusión. Rev Cubana Med Gen Integr 2005;21(1-2)

Fresquet JL

http://www.sciencemuseum.org.uk/broughttolife/people/josephleopoldauenbrugger

 

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