Alfred de Musset, el hombre que saludaba

[column col=”1/4″]Alfred de Musset, el hombre que saludaba[/column]

Artista arquetípico del Romanticismo, Alfred de Musset nació en París en 1810. Ya desde niño demostró capacidad literaria, y a los 17 años frecuentaba el salón de Charles Nodier, escritor y bibliotecario francés, director de la biblioteca del Arsenal, en el barrio de la Bastilla. Allí conoció a otros grandes escritores, como Alejandro Dumas. Desde joven también se hizo conocido por sus múltiples aventuras amorosas, y algunos lo consideraron ejemplo de dandi (hombres de cultura, muy centrados en el refinamiento en el vestir como expresión de diferenciación intelectual y social) como también lo fueron Lord Byron o George Brummel (apodado El Hermoso).

Tenía solo 23 años cuando conoció a la escritora Aurora Dupin, su contraparte femenina, que recorría París con atuendos masculinos, para conocer ambientes que de otra manera le hubieran estado vedados por su condición de mujer. Tuvo con ella un romance apasionado, pero George Sand, el seudónimo masculino que usaba Aurora y con el cual firmaba sus obras, lo abandonó para unirse a Federico Chopin. de Musset quedó golpeado por este fracaso, y dedicó a Sand uno de sus libros más conocidos, La confesión de un hijo del siglo. Fue bibliotecario de Ministerios Públicos, recibió la Legión de Honor y se lo nombró miembro de la Academia Francesa en 1852. Su creación fue vasta en el campo de la poesía, la narrativa y el teatro (una de sus obras más representadas es Lorenzaccio, ambientada en la Florencia del siglo XVI, y centrada en la figura de Lorenzo de Medicis).

Pero, ¿por qué resuena en los cardiólogos el nombre de Musset? No por su obra literaria, sino seguramente por el signo que lleva su nombre. Era 1842, cuando en un desayuno compartido su madre y su hermano, Paul, notaron que Alfred movía rítmicamente la cabeza, como si saludara. Y al hacérselo notar, cuenta Paul en la biografía que escribió sobre su hermano… “Cuando se le dijo esto Alfred puso su pulgar e índice en el cuello y la cabeza dejó de asentir. Él dijo: “Ves, esta terrible enfermedad se cura mediante un método que no sólo es simple sino también barato”.

Un médico parisino, Armand Delpeuch, fue quien describió este signo y lo denominó con el nombre de su ilustre portador, en quien diagnosticó la causa que lo originaba: una severa insuficiencia aórtica debida a un proceso sifilítico. En aquella época la sífilis era considerada una muestra de intensa actividad sexual, y era por lo tanto motivo de orgullo. En un ingenioso juego de palabras decía un experto en enfermedades de transmisión sexual, Fournier, que eran tiempos en que sifilización era sinónimo de civilización. Hasta tal punto que en los salones de París era costumbre que los varones imitaran el saludo de Musset como gesto de galantería.

Ajeno a esa confusa fama basada en una enfermedad, de Musset murió (su tumba en el cementerio de Pere Lachaise cierra la nota) cuando contaba sólo 47 años, en 1857. Parte de su inmortalidad sigue debiéndola a la sífilis.

Alfred de Musset, el hombre que saludaba

Dr. Jorge Thierer

Fuentes consultadas

Davies M et al. de Musset sign. Heart 1999; 82: 262.

Mariátegui J El nombre tras el síndrome Boletín de la Sociedad Peruana de Medicina Interna (1996).