René Favaloro y los inicio de la Cirugía Cardiovascular en el Sanatorio Güemes. Una Mirada desde la intimidad del proyecto.

René Favaloro y los inicio de la cirugia Cirugia Cardiovascular en el Sanatorio Güemes. Una Mirada desde la intimidad del proyecto.

El Sanatorio Güemes antes de Rene Favaloro

Ingresé al Sanatorio Güemes mientras hacía la residencia de cirugía general en 1966 en el Hospital Penna. Para ese entonces el sanatorio tenía el edificio Córdoba y estaba acompañado por la torrecita de 9 pisos de Acuña. La necesidad hizo que se hicieran más quirófanos en este edificio, transformándose los 7 quirófanos de Córdoba,  en 21 en total. El crecimiento no fue todo lo armónico que se hubiera querido: de golpe esa escalerita que usábamos diariamente aparecía tapiada como una escalera a ningún lado y aparecía una puerta con una rampa hacia otro lado.

Allí se operaba de todo: recuerdo cirujanos como Belleville (jefe de la 1ª cátedra de anatomía normal), la Dra. Sanchez Loria, Mahmet Molins (primera endarterectomía carotídea en el mundo) Miguel Bellizi (1º Trasplante  cardiaco en Argentina) el Dr. Bamballi traumatólogo y muchos otros que están en mi memoria, no sus nombres.

Del personal recuerdo especialmente a Juana Bustingorri, la gran caba! A su hermana Elsa y muchas otras, a quienes quisiera nombrar, pero no recuerdo sus nombres. Martina Gimenez, después nuestra caba en cardio-vascular. Entre las secretarias recuerdo a Leonorcita, con sus ojitos claros. Era hija de una experimentada enfermera y hacía de secretaria de Juanita, tarea nada fácil.

Toda aquella época fue la base sobre la cual René Favaloro construyó el emporio de la cirugía cardiaca.

Del que formamos parte. . .

Terminada mi residencia  tenía la oportunidad de viajar a USA, junto con 4 o 5 compañeros de la residencia,  pero mi mujer no quería dejar el país y yo no tenía el dinero para el viaje.

Así que: a la Patagonia-Comodoro Rivadavia como instructor de residentes.

Fue una experiencia muy linda en los hospitales regionales. Condición para entrar: tener la residencia médica completa. Mi Jefe allí fue Alejandro Horochowski, formado en USA (Sedalia Missouri). Aprendí  muchísimo de Alejandro, quien hoy ya retirado volvió a la Argentina y vive en Villa Dolores, en Córdoba. Ahora una mezcla de criador de ganado y olivares.

Estos hospitales regionales perdieron categoría después de la renuncia de Francisco (Paco) Manrique a su cargo de Ministro de Bienestar social. Cosa demasiado frecuente en la Argentina.

Los 2 años pasados en la Patagonia habían sido muy productivos … Pero me quedaba chica la medicina y yo quería más, así que escribí al Sacre Coeur de Quebec (hablo francés desde los 5 años) en Canadá. Me preparaba para viajar allí, cuando agoniza mi querida abuela Pepa en Bunos Aires. Tomé el primer avión (Hércules de la F. Aérea) y llegué para verla aún viva, para diciembre de 1971.En el velatorio de Pepa encontré al Dr. Alfredo Vispo y le conté sobre mis proyectos. Me presentó un panorama oscuro de la medicina de Canadá (según su modesto entender) y me aconsejó  ir a hablar con el Dr. René Favaloro, especialista en cirugía torácica y Cardiovascular en Cleveland, recién llegado a la Argentina. A las 10h de la mañana nos encontramos en la oficina del 1º piso del Sanatorio Güemes, detrás de los ascensores. Favaloro era un señor alto y delgado,  tenía un escritorio con una ventana que daba a un patio de luz y numerosos cuadros autografiados de los Próceres de la Cirugía Torácica y Cardiovascular en el mundo. Entre ellos me llamó la atención el de Paul D. White con la frase en inglés: ̈ Si Ud. está en la búsqueda de un hombre, busque uno ocupado…. Los demás no tienen tiempo. ̈

René me preguntó cuánto quería ganar y  le contesté que lo que quería era aprender. Que me pagara  lo suficiente para comer. Creo que fue la frase más convincente de mi vida  …Tomado! Comencé a trabajar el 1º de mayo de 1972, con guardia. Se imaginan lo que yo sabía del corazón: que estaba en el tórax y que bombeaba sangre.

Aquí comienza otra etapa de mi vida, dedicación full time, muchas noches sin dormir, pero aprendiendo cada minuto de mi estadía en el servicio.

Les cuento una aventura. Hacíamos la lista de cirugía el día anterior y  vi que había que resecar un tumor de mediastino anterior. Mi experiencia era pésima: 3 casos en mi Hospital y uno en el Santojanni:  irresecables por toracotomía izquierda alta. Se les hacía una biopsia y a casa. Cuando apareció este paciente se lo dije a René y me contestó :¨ VOS LO QUE TENES ES UN COMPLEJO Y YO TE LO VOY A SACAR MAÑANA, ANOTATE CONMIGO EN LA CIRUGÍA.¨ Al día siguiente le pasé la sierra al esternón y esperé a René, no sabía hacer otra cosa. Semejante tumor cruzado por gruesas venas y por detrás, algunas cositas como la tráquea, la arteria pulmonar y la aorta ascendente. René hizo una apertura en el pericardio y ambas pleuras. Ni la aorta, ni los hilios pulmonares estaban tomados y entonces tomó su tijera grande de mango negro y sacó el tumor en 15 minutos. Yo salí de esta cirugía siendo otra clase de cirujano, se habían corrido mis límites.

El Sanatorio Güemes después de 1972

La gran población del Sanatorio era de la colectividad Judía, siempre rondando en los directores la idea de convertirlo en la Universidad Hebrea. Desconozco las causas por las que no se concretó. Inestabilidad de la economía de nuestro amado país o falta de empuje en el final. Para esa época nace el CIM (de la mano de Alejandro Waxman) que fue la base de lo que es hoy la Suizo Argentina.

Cuando empezamos a operar en 1972, teníamos dos quirófanos. Habían sido salas de parto. Las lámparas cialíticas japonesas con contrapeso (cuidado con ponerse detrás). Las camillas de operaciones eran Petinari hidráulicas y, a veces, si subían no bajaban y entonces nosotros operábamos cada vez más alto, sobre tarimas de madera. Había un solo lavadero de manos (hacíamos turnos para lavarnos) y los oxigenadores eran de discos lavables y siliconados. Nos daban un pésimo retorno venoso y necesidad de tiempos de bomba cortos (fabricados en Brasil).

Sí estaban las mesas de instrumentación de Favaloro, sus separadores de mamaria y las mesitas de Favaloro en la cabecera del paciente (USA). Sobre ellos había un bol de acero inoxidable y bordes festoneados. En su interior había unas 20 pinzas de Crile y agua fría con jeringas de Bonneau, linda ensalada a la argentina.

No había gases centrales y se traían tubos de O2 y otros gases al quirófano. Verdadero peligro. De hecho, en una oportunidad se cayó uno de estos tubos y se descabezó arrancando en su furia todo lo que había a su paso. Los electro-bisturíes eran pequeños lanzallamas. Los desfibriladores eran a válvulas y andaban cuando querían…lo que se conseguía en el mercado local.

El banco de sangre tuvo que crecer a nuestro ritmo. Al principio con notables falencias, al final recuerdo las filas de los donantes entre 60 y 70/día (35 litros diarios).

El laboratorio creció a las cachetadas. Una frase típica de Favaloro: “UN POTASIO PUEDE VENIR MAÑANA PARA UN OPERADO DE ESTÓMAGO, PARA LOS NUESTROS, 60 MIN PUEDE SIGNIFICAR LA MUERTE”. Los resultados los traían las extraccioncitas, jóvenes estudiantes que se hacían un manguito. Pero estos papelitos a veces aparecían 2 días después en el bolsillo de algún residente.

De las radiografías de tórax, recuerdo aquellos equipos TAMATHE y el revelado con las cajas con  ácido y ese olor tan particular. En aquella época debíamos aprender a revelar.

La recuperación postoperatoria empezó en la Unidad Coronaria, pero rápidamente  Favaloro la trasladó a unas salitas de internación en el 1º piso a pocos metros de las dos salas de operaciones. Las camas eran ortopédicas pero a manija, los respiradores Bird 4 y 8  a presión, no volumétricos (un verdadero inflador). Enseguida empezó su invasión de la recuperación colocando un cirujano (guardia de 24 hs cada 3 días) y un cardiólogo juntos de guardia.

Dormíamos, si puede decirse, en una habitación de 3×2m con dos camas cucheta y se tiraba un colchón en el piso para el rotante. Como ya les dije: poco olfato, me imagino aquello como una jaula de osos.

Con estas condiciones, ¿cómo funcionaba todo esto?  Muy sencillo: a pulmón de Juana Bustingorri y de René, sin marcha atrás en su vida. El resto, nosotros con tracción a sangre que trabajamos sin horario y con baja remuneración, solamente para aprender.

Las instalaciones no daban para semejante esfuerzo, se cortaba la luz con cierta frecuencia y se congelaba la entrada de Oxígeno, que se reparaba poniendo un par de bombitas eléctricas. Alguna vez la luz se cortó y Blanquita una enfermera, armó un sistema luminoso con una palangana con alcohol y le prendió fuego mientras nosotros hacíamos de respirador humano soplando por el tubo endotraqueal…., que manera de juntar saliva!

El Servicio de Kinesiología se hizo con nosotros y allí Alfredo Cuello, Laura Masciantonio y Mirta Takemoto comenzaron con una visión distinta del trabajo a realizar con los pulmones post-esternotomía.

Comenzó para esa época el Dr. Daniel Stamboulian, que había hecho una residencia de pediatría en USA, y se le encargó el tema infectología. Poco tiempo después sentó las bases de una residencia de la especialidad y hoy vemos en todos los rincones del país, especialistas infectólogos salidos de allí.

La cardiología creció a nuevo ritmo. Sin lugar a dudas Carlos Bertolassi  montó una Unidad Coronaria ejemplar de la que salieron gran parte de los cardiólogos de nuestro país. Además, Bertolassi escribió un libro de cardiología, en el que colaboramos en varios capítulos y fue libro básico de la enseñanza de la cardiología en nuestro país durante muchos años. Carlos, cuyo alias era piquito de oro (por lo bien que daba sus conferencias) sentó junto con René, Liliana Grinfeld, Jorge Trongé, Marcelo Ruda Vega, Ezio Zuffardi … .y muchos otros las bases para entender la enfermedad coronaria comenzando por su clasificación. Los recuerdo, viajando por todo el mundo dando conferencias.

Luis de la Fuente fue un fantástico organizador del servicio de Hemodinamia. Junto con Ezio Zuffardi fueron la base de prácticamente toda la cardiología intervencionista. La primera sala de hemodinamia no tenía puerta y la entrada  se hacía a través de un ascensor. Si el ascensor no estaba no tenía salida. Se imaginan ustedes la seguridad…

Recuerdo algunos episodios tenebrosos de aquellos años. Siendo jefe de residentes (1974 y 75) teníamos la torre en construcción y yo debía buscar los cines de los pacientes a operar al día siguiente. Bajé al 2º subsuelo y mientras veía los cines, vi entrar por el patio una nube negra y se apagaron todas las luces. Pasé por una sala donde dos residentes cerraban una arteria a luz de linterna. Salí al pasillo y no había oxígeno, entré de vuelta en hemodinamia, lav mi CO2 (había hecho curso de buceo) y salí al pasillo, subí una escalera de madera. Me acordaba que a su costado había un precipicio hasta el 5º subsuelo, la subí en apnea y allí vi una lucecita al fondo. Pase frente al viejo banco de sangre y escapé por la puerta de la calle Acuña. Llegado afuera y lavado el CO2 me encontré con Ernesto Weinschelbaum. Dos gruesas columnas de humo negro salían de los pisos 9 y 10 donde estaban nuestros pacientes. Así que a subir por la escalera de incendio. Que jóvenes que éramos… que llegamos casi sin fatiga y ahora… a bajar los pacientes con sus frascos de drenaje por la escalera de incendio. Oh sorpresa, al llegar al 1º piso caímos en un conventillo. La salida no estaba terminada. Pasamos ese regimiento por la habitación de un hemipléjico en su cama, un piso de pinotea que se temblaba todo. Mientras pedíamos disculpas, la dueña de casa  cuidaba ante ese tropel de gente un jarrón de Limoges, herencia de su familia.

Un tambor de brea para sellar los techos se había recalentado y rajado, produciendo esos gases tóxicos. Pasado todo este episodio fui a entregar los cines para el día siguiente, NO HABÍA EXCUSA PARA DETENER LA CIRUGÍA.

Cuando todavía estábamos en el edificio de la avenida Córdoba, para 1975  estaba empecinado en aprender anatomía del corazón. Las piezas venían de algún hospital, que los morgueros me guardaban.  No podían ser formalizadas, se endurecen y quiebran; así que a la criolla, solamente frío. Si pierden la cadena de frío toman rápidamente un olor imposible. Yo nunca tuve olfato. Fui con mis corazoncitos a trabajar en la pileta que estaba al costado de la oficina del Sr Neiman (contador de Favaloro) sin darme cuenta del olor. En ese momento entró el sr Neiman con pacientes privados de René. Se fue a quejar y le pidió que me echara. Al día siguiente René me dijo: ¨Anda a lavar tus piezas a otro lado porque nos van a echar a la mierda de aquí.¨

Ese trabajo nos dio junto con Juan José y René Favaloro un premio de la Academia Nacional de Medicina: Anatomía del corazón con vista a las actuales cardiopatías. Premio Avelino Gutierrez.

Los lugares para investigar se inventaban. Mandamos hacer una jaula para monos que conseguimos de Misiones o Corrientes. En el quinto piso de la torre todavía en construcción hacíamos cirugía experimental. Era para ver reperfusión en agudo de los infartos. Allí fue Ernesto Weinschelbaun, junto con René  el que ganó el premio: la idea era cerrar y luego reabrir la principal arteria del corazón. Una mañana llegando al hospital con E W, vimos sobre la escalera de incendio un bombero que recibía en su casco pedazos de ladrillo que arrojaba uno de los monitos.

En la obra, el administrador del sanatorio, sr Martini pisó una tabla floja y llegó desde el 5º piso al 5º subsuelo. Sobrevivió, post traqueotomía y varias cirugías en el tórax.

La fama de la clínica creció de manera exponencial además de alcanzar un nivel extraordinario. Jorge Decoud hizo la 1ª colecistectomía laparoscópica. Recuerdo un día que Juanita me dijo: ¨anda a lavarte con Decoud que se llevó la aorta por delante en un vaciamiento retroperitoneal. Que  imaginé? un cirujano enloquecido, una gran hemorragia, un desastre. Encontré lo contrario: dos clamps puestos en la  aorta y Jorge que me preguntaba con qué tapo este agujero?.

La Traumatología en manos de Simonovich y Fermin Garcia operaban cerca de 3 o 4 reemplazos de cadera por día.

La obstetricia estaba en manos de Raúl Lowenstein y juntos compartimos un trabajo en Surg gyn&obst por la primera trasplantada cardíaca que tuvo un parto por vía vaginal. Aquí hago un pequeño excursus. Cuando la 1ª trasplantada quedó embarazada yo solo pensaba en el aborto, para salvarle la vida. Raúl me convenció que tenía menor riesgo un parto por vía vaginal que cualquier otro procedimiento. Así fue que logramos el 1º parto vía vaginal de una paciente trasplantada cardiaca en el mundo.

En Clínica Médica estaba el Dr.  Agrest con su grupo excelente de médicos. Difícil saber cuál era mejor. Transformó,  además, toda la organización de las residencias médicas.

El servicio de diálisis estaba a cargo del Dr.  Gotlieb y el Dr. Nadal, a cargo de trasplante renal  Anibal Lopez Blanco (más de 22 sillones de diálisis superactivos).

Nuestro servicio operaba unas 10 o más cirugías grandes con CEC. Se comenzaba a operar muy temprano y se terminaba cuando se terminaba. René hacia 3 cirugías diarias y los Staff en forma rotatoria lo ayudabamos. Los staff teníamos casos propios y los del pool era René quien decidía quién operaba, de acuerdo al caso.

Cuando dejé el S G el 24 de agosto de 1988, había alrededor de 50000 historias clínicas de pacientes operados. Personalmente calculo haber participado en unos 12000 pacientes. Nada teníamos de diferente con cualquier centro mundial. Solamente el grupo de Cooley en Houston hacía oficialmente unas 30 cirugías diarias. En la Pitié  en París donde tuve la suerte de trabajar hacíamos 9 cirugías diarias. Teníamos solo 3 salas de operaciones.

Es decir el Sanatorio Güemes  estuvo entre los primeros lugares de cirugía cardiaca del mundo. Recibimos pacientes de toda América latina más Sudáfrica, España, Portugal, Italia, etc.  René había organizado un sistema entre los Staff encargados según su 2º idioma de preferencia. Victor y Ernesto en inglés y yo en francés. No quiero olvidarme de Mariano Favaloro, quien ponía 3 marcapasos diarios, además de la cirugía cardiaca general.

Para 1978 como comprenderán, el servicio estaba asentado. Fama, buenos resultados y la sensación  nuestra y del público en general, que era lo mejor que había en la especialidad. Como René nunca se quedó en la mitad, encomendó a sus Staff para que viéramos cirugía afuera. Yo salí primero. Llevaba un año practicando mi inglés así que en enero de 1978 me fui por primera vez  4 meses a USA. Empecé mi rotación en la Universidad de Stanford, donde conocí a mi segundo maestro Norman D Shumway. Allí aprendí Trasplante cardiaco. Pase por la Universidad de Utah con el Dr. W Kolff, en corazón artificial y finalmente 2 meses en Houston Texas con el Dr. Cooley, para la gran cirugía cardiaca.

Lo que más recuerdo era llegar a cada lugar con una carta de René y las puertas se abrían inmediatamente. Así  iniciamos a mi vuelta, el programa de Trasplante cardiaco (el renal llevaba como 2 años). Trabajamos  en asistencia  mecánica y corazón artificial total (hicimos implantes en terneros en 18 casos en USA  y  15 aquí en el viejo edificio de  la fundación  que hoy es la Universidad).  Logramos en Argentina una larga sobrevida con “Doven” y en USA implantamos   un corazón artificial en “ Fernando”  y a los 3 meses se lo trasplantó con el corazón de una melliza, para evitar el rechazo. Parece una pavada, pero fue el primer  antecedente en el mundo de lo que hoy es práctica frecuente.

Luego de este aprendizaje con  fuertes bases en investigación (primer uso de Ciclosporina en Argentina) pudimos lograr  un primer trasplante con larga sobrevida en 1984: una joven de 16 años. Pese al cercano seguimiento, a los 18 meses del trasplante quedó embarazada. Yo solo pensaba en el aborto, para salvarle la vida. La obstetricia estaba en manos de Raúl Lowenstein y me convenció que tenía menor riesgo un parto por vía vaginal que cualquier otro procedimiento. Así fue que logramos el 1º parto vía vaginal de una trasplantada cardíaca en el mundo. Publicamos el trabajo en Surg gyn&obst.

Primer paciente transplantada, que cumplio su embarazo

Días pasados el Colegio de Cirujanos Cardio-Vasculares hizo un homenaje a René Favaloro (por los 50 años del By pass coronario). Allí nos encontramos los viejos dinosaurios con jóvenes dinos y solamente algunos más jóvenes…

Increíblemente recordamos las frases de René, los episodios cómicos y tuvimos una alegría inmensa. ¡Nadie fue infeliz en aquella época! Éramos tan jóvenes o fue René que creó en nosotros ese mundo irreal, que no parecía Argentina. Ese mundo de frustraciones que vivimos a diario.

En el país de la carne y los granos, tenemos un enorme porcentaje de pobres. Nuestra educación cayó a niveles increíbles (muchos jóvenes no entienden lo que leen). René Favaloro y el Sanatorio Güemes  nos permitieron ver otra vida: la de la Argentina sin obstáculos, pujante y fuerte.

Dr Fernando Boullon

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