En tiempos de Telemedicina, reflexiones sobre la atención médica virtual

La súbita e inesperada aparición del SARS CoV 2 alteró, sin excepciones. la vida de la humanidad.

La profesión médica obviamente se transformó, el desconocimiento de la enfermedad y sus consecuencias sobre la salud, generó al inicio, temores, ansiedades e incertidumbre.  

Luego de superadas las primeras y lógicas indecisiones, se implementaron acciones para atender los problemas de los pacientes, con una velocidad inusitada. 

La utilización de la tecnología fue necesaria para garantizar la atención médica en pos del sostén de la distancia social, y como consecuencia proteger al paciente y al equipo médico de posibles contagios.

Los profesionales se reconvirtieron al sistema de salud digital en muy poco tiempo, en muchos casos sin haber tenido experiencia en este tipo de actividad.

La telemedicina se incrementó en forma exponencial en aquellas instituciones que poseían un sistema previamente en función y fue muy bien recibido en las instituciones que iniciaron la experiencia ante el comienzo de la pandemia.

Ante esta situación de urgencia la atención virtual, sin dudas, fue un éxito, al evitar los riesgos en los traslados y los posibles contactos intrahospitalarios, además redujo recursos económicos y le permitió al profesional el trabajo en su lugar de residencia.

Las voces de todo el sistema de salud coinciden en que ¨la telemedicina vino para quedarse¨, luego de superada la crisis sanitaria. Y en lo personal coincido en esta afirmación, pero me genera inquietud y preocupación. 

Mis temores no se concentran en los problemas aún no resueltos – y que me atrevería a catalogar como más de índole operativo:

  • la seguridad de la información (muchos sistemas son almacenados fuera del país de origen de la información);
  • aspectos médicos-legales (consultas en provincias o estados que no reconoce la matriculación de origen, entre otros inconvenientes);
  • pérdida de la privacidad del profesional; y
  • la remuneración por el acto médico (¿se reconocerá el arancel como una consulta presencial?).

No me caben dudas que estos temas serán resueltos por el estado, los prestadores de salud, las sociedades científicas y los colegios médicos.

Mi duda sobre este sistema de atención se refiere al cambio de las condiciones en la relación “médico – paciente”, con el consiguiente riesgo de la desaparición de la medicina humanística.

Múltiples acontecimientos que se presentan en la realidad deshumanizan la práctica de la medicina. 

Desde los inicios de la medicina muchas cosas han cambiado, cientos de años han transformado al brujo, líder de tribus primitivas en el actual médico. Las condiciones del ejercicio profesional, fueron mutando en el devenir histórico.

El sistema del “tercer pagador” convirtió al médico en un empleado de lo que Arnold Relman ha llamado el “complejo médico-industrial”.

Además, hoy es un profesional con una abrumadora carga de responsabilidades y una gran demanda, generadas entre otras múltiples causas por el crecimiento del conocimiento médico, el expansivo progreso tecnológico y las expectativas de la sociedad “del dataísmo” manifestadas por las angustias y ansiedades de los pacientes que no toleran la incertidumbre inherente a la profesión e incluso muchas veces de la vida misma. Lamentablemente estas exigencias no siempre son retribuidas, ni reconocidas por la comunidad. 

A pesar de esta difícil situación, lo que aún perdura desde los inicios mismos de la medicina es el acto médico. 

Esa relación triangular entre enfermedad, enfermo y médico es algo más que una simple consulta, o un número en la estadística de la institución o un ingreso económico, o un caso clínico interesante o un candidato para incorporar a un estudio de investigación.

El acto médico involucra a un hombre cuya humanidad está por encima de cualquier valor material. “Una confianza depositada en una conciencia”, decía Orgáz.

El papel del médico no puede ser devaluado al de un técnico superior, que únicamente sabe aportar soluciones científico-técnicas. El médico no puede constituirse en un ¨call center¨. 

No debemos construir una medicina desarticulada y parcial, basada sólo y casi exclusivamente en un único “paradigma”. 

La telemedicina es incapaz de la observación clínica, el escuchar y el contacto físico con el paciente, bases no sólo del diagnóstico sino también de la relación “médico – paciente”.

Se puede declarar como médico una persona que sólo posea el dominio de la ciencia, pero la verdadera esencia de la profesión es llegar a ser experto en el difícil arte de comprender al hombre; y ello, a mi entender implica la trascendencia en las fronteras de un cuerpo orgánico. Para ello es perentorio el estar junto al paciente, el cuidar al otro, el medeos como acto de presencia. El paciente necesita de su médico, de la mano que cura, como decía Balint. La gente ¨tiene hambre de piel¨ decía el doctor Francisco Maglio.

Restaurar ese delicado equilibrio que es la salud, va más allá del cuerpo.

La telemedicina es una muy buena herramienta, pero no puede constituirse en un fin. El tema no es luchar “contra la tecnología”, sino encausarla, para que la medicina continúe estando al servicio de las personas y no de las empresas, enfermedades o de las máquinas.

Las diferentes modalidades de atención deben ser complementarias y la elección de cada una dependerá de la decisión de la díada “paciente-médico”.

Estamos convencidos de que los peores tiempos pueden ser el preludio de tiempos mejores.

Dr. Ricardo Iglesias MTSAC

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