Muerte súbita: no siempre es inesperada

Por Alejandra Folgarait

[column col=”1/4″]Muerte súbita: no siempre es inesperada[/column]

Los casos de muerte súbita trepan a las primeras planas cuando ocurren en atletas o en personas jóvenes mientras hacen un deporte. Sin embargo, actualmente el 80% de los paros cardíacos repentinos se producen en personas de mediana o avanzada edad que ya tienen una enfermedad coronaria y que, súbitamente, experimentan una alteración eléctrica del ritmo cardíaco que produce un colapso -con pérdida de conciencia- y que resulta fatal si el paciente no recibe reanimación inmediata.

Si bien se considera que esta patología no se puede evitar, un nuevo estudio reveló que hasta la mitad de los adultos de mediana edad que padecen un paro cardíaco repentino sufren síntomas en el mes previo, a los que no les dan importancia. Estos síntomas de alarma –dolor de pecho, sensación de falta de aire- podrían ser útiles para prevenir la muerte súbita, a la que sólo sobrevive hoy el 7% de los pacientes.

En el reciente estudio, Sumeet Chugh, director asociado del Instituto del Corazón Cedars Sinai de Los Ángeles, y sus colegas analizaron los datos de 839 pacientes -53 años en promedio, mayormente hombres- que sufrieron muerte súbita en el área metropolitana de Portland, Estados Unidos. Tras revisar sus historias clínicas y chequear con médicos de hospitales, personal de emergencia, familiares y testigos de la escena de las muertes súbitas, los investigadores encontraron que 430 de los pacientes habían tenido síntomas antes de que su corazón se detuviera de improviso. El dolor de pecho fue el principal síntoma previo identificado en los pacientes que experimentaron un paro cardíaco. Además, el 76% había sufrido angina intermitente.

Según el estudio prospectivo publicado en Annals of Internal Medicine, el 54% de los hombres había tenido dolor de pecho en las cuatro semanas previas a la muerte súbita, mientras que este síntoma sólo se identificó en el 20% de las mujeres. En ellas, el síntoma previo más frecuente había sido la disnea (31% de mujeres), que sólo se registró en el 14% de los hombres. Apenas el 5% de los pacientes experimentó palpitaciones o un síncope previo. Quienes llamaron al 911 para recibir ayuda tuvieron 4 veces más probabilidades de sobrevivir al paro cardíaco. Pero quienes pidieron ayuda telefónica sólo fueron un tercio de los pacientes.

“En el pasado creíamos que el paro cardíaco súbito era un evento inesperado, sin prácticamente tiempo para intervenir”, señaló Chugh. “Los resultados de nuestro estudio son sorprendentes y abren una ventana de oportunidad -27 días más de lo que pensábamos- para prevenir y predecir la muerte súbita”, que es menos frecuente en los atletas de lo que se cree.

Consultar a tiempo

La incidencia anual de muerte súbita en Estados Unidos es de 60 casos por cada 100.000 habitantes, según un estudio publicado en 2014. La cantidad de años productivos que se pierden por esta patología es enorme. Se estima que se dilapidan entre 1 y 2 millones de años potenciales de vida por la muerte prematura debida a un paro cardíaco, una cifra superior a la causada por todos los cánceres juntos.

En cuanto a la Argentina, se estima que entre 40.000 y 50.000 personas tienen anualmente una muerte súbita. “Este estudio es muy interesante, porque confirma algo que sospechábamos –que hay síntomas previos a los paros cardíacos repentinos- y porque permitiría prevenir muchas muertes súbitas”, se entusiasma Fernando Scazzuso, jefe de Electrofisiología y Arritmias del ICBA.

Como la mitad de los pacientes experimenta dolor de pecho o disnea hasta un mes antes del paro cardíaco y los síntomas suelen recurrir 24 horas antes, las muertes podrían disminuir si se identificaran a los pacientes en riesgo.

Para Hernán Cohen Arazi, ex director del Consejo de Emergencias cardiovasculares de la SAC, “el primer dato importante es que más de la mitad de las personas que fallecieron tuvieron algún síntoma, pero solamente el 12% concurrieron al médico, y fueron más frecuentemente las que ya sabían que tenían alguna enfermedad cardiovascular”. Esto muestra -continúa el cardiólogo- que el primer sitio de acción es la educación a la comunidad, mediante campañas acerca de los síntomas y riesgos de las diferentes patologías y en qué casos es necesaria una consulta al médico. “El dato del 12% también podría interpretarse como un alerta que paso desapercibida por los médicos, aunque debe tenerse en cuenta que cada paciente que consulta por un síntoma no puede ser considerado como un potencial candidato a muerte súbita”, agrega Cohen Arazi.

“Me sorprende que tan pocos pacientes con dolor de pecho hayan consultado antes de la muerte súbita; esto se debe a la negación y el miedo a padecer una enfermedad”, apunta Fernando Scazzuso. “El dolor de pecho es un síntoma muy infrecuente y toda persona que lo experimente debe concurrir a una guardia para ser evaluado por un cardiólogo”, insiste el especialista argentino en arritmias. “Las mujeres y los diabéticos también deberían consultar cuando sienten que les falta el aire, ya que es un síntoma común en estos grupos”.

Los minutos cuentan

Si se detecta una anormalidad en el ritmo cardíaco antes de un paro cardíaco súbito, se puede implantar un cardiodesfibrilador. Pero lo más importante, señala Scazzuso, es educar a la gente para que consulte ante síntomas y para que llame al teléfono de emergencias (107) ante una persona que súbitamente pierde la conciencia en un lugar público.

El tiempo de recuperación del pulso es fundamental en estos pacientes. Dentro de los cuatro minutos de ocurrido el colapso, hay entre 75% y 80% de probabilidades de salvar a la persona si se realizan maniobras de resucitación cardiopulmonar o se usa un desfibrilador externo. Por cada minuto que se pierde, hay 10% menos de chances de sobrevivir y aumenta la posibilidad de que quede daño cerebral.

“Es importante educar adecuadamente a la población sobre maniobras de reanimación cardiopulmonar inmediatas y la posibilidad de establecer zonas cardio-seguras mediante la adquisición de desfibriladores automáticos en sitios de alto tránsito de personas”, enfatiza Cohen Arazi. El experto en Emergencias también destaca la respuesta del sistema de salud: “el tiempo promedio de asistencia del servicio de emergencias en el estudio fue de 7 minutos, hecho difícil de reproducir en nuestro país y sobre el que debería trabajarse intensamente”.

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