¿Cuál es la mejor dieta cardiovascular?

Por Alejandra Folgarait

¿Cuál es la mejor dieta cardiovascular?

La obesidad es un factor de riesgo no sólo para las enfermedades cardiovasculares sino también para el cáncer, según revela un reciente estudio publicado en The Lancet.

En la Argentina, las cifras de sobrepeso y obesidad han crecido significativamente en los últimos años. Según el Ministerio de Salud de la Nación, un 20% de los argentinos padece actualmente de obesidad, y 6 de cada 10 tienen sobrepeso. En cuanto al consumo de frutas y verduras, los argentinos sólo ingieren 1,9 raciones diarias, contra las cinco recomendadas.

Para reducir el peso y, especialmente, la circunferencia abdominal, las guías recomiendan la práctica física en forma sostenida y la adopción de una dieta saludable. Pero qué dieta funciona mejor es todavía un tema abierto a la discusión.

Investigadores canadienses hicieron una revisión sistemática de 12 ensayos randomizados de las cuatro dietas más populares en los Estados Unidos, conocidas bajo los apelativos de Atkins, Weight-Watchers, South Beach y Zone. Dos de los ensayos compararon las dietas entre sí. Todos hicieron un seguimiento de los sujetos durante por lo menos 12 meses.

Las dietas Atkins, South Beach y Zone se centran en una disminución de los carbohidratos, mientras que la Weight-Watchers apunta a una reducción de las calorías consumidas junto con cambios en la conducta.

En particular, la dieta Atkins propone un consumo alto de proteínas y grasas, mientras restringe dramáticamente los carbohidratos. Por su parte, la dieta South Beach se enfoca en la ingesta baja de carbohidratos y alta de proteínas magras, mientras permite el consumo de grasas mono o poli-insaturadas. La dieta Zone pone el foco en el balance de carbohidratos, proteínas y grasas (en una proporción de 40, 30, 30, respectivamente), fomentando el consumo de grasas “buenas” provenientes de aceite de oliva, palta y otros alimentos con contenidos omega 3 y 6. Finalmente, la dieta Weight-Watchers combina una reducción general de calorías con ejercicios físicos y reuniones grupales para promover cambios de hábitos.

La revisión canadiense de las cuatro dietas más populares en los Estados Unidos, publicada recientemente en Circulation Outcomes, incluyó a 2.560 personas (mayormente mujeres obesas blancas) de 45 años de edad y 92,5 kg de peso promedio. El estudio reveló que, al año, los pacientes perdieron entre 1,6 y 5 kg con las dietas Atkins, Weight-Watchres y Zone, mientras que los grupos control rondaron los 2,2kg menos. Si bien la dieta Weight-Watchers mostró al año una reducción mayor que las otras, a los 24 meses se equiparó con el resto.
Las cuatro dietas no arrojaron diferencias significativas en cuanto al control de la presión arterial, glucemia o niveles lipídicos. Aún así, se registraron algunas variaciones en estos parámetros. Por ejemplo, la dieta Atkins tuvo un impacto favorable en los triglicéridos y HDL, pero malo o nulo en LDL. Tanto la Atkins como la Weight-Watchers influyeron positivamente en los niveles de presión sistólica y diastólica.

“Las cuatro dietas son moderadamente eficaces para bajar el peso a corto plazo, pero los beneficios no se mantienen en el tiempo”, señaló Renee Atallah, de la Universidad McGill, en Canadá. “A pesar de los millones de dólares gastados en estas dietas comerciales, los datos son insuficientes y conflictivos para identificar a una de estas dietas populares como la más benéfica”, concluyeron Mark Eisenberg, de la Universidad de Montreal, y sus colegas.

Los investigadores canadienses subrayaron que es preciso hacer estudios comparativos de todas las dietas a largo plazo para evaluar cuál es la que tiene mejores resultados a nivel de peso y riesgo cardiovascular. Por el momento, anticiparon, las intervenciones más útiles son las que cambian los estilos de vida.

Jorge Tartaglione, jefe del servicio de Prevención y Calidad de Vida del Hospital Churruca, señala que el trabajo de Circulation “es muy interesante, ya que muestra que las cuatro dietas sólo consiguen una disminución modesta en la reducción de peso, y no lo mantienen a largo plazo”. En cuanto a los factores de riesgo cardiovascular, Tartaglione subraya que todas las dietas consiguen controlar de manera similar la glicemia, aunque la Atkins tiene la particularidad de empeorar la glucemia en ayunas, mientras aumenta la liberación de insulina. “Lo mejor en términos cardiovasculares es la dieta mediterránea, que consiste en calcular, para un plato, un cuarto de carnes, un cuarto de frutas, medio de vegetales, además de frutos secos que contienen omega 3”, recomienda el cardiólogo.

Un meta-análisis sobre 48 ensayos clínicos realizados con una decena de dietas “comerciales” ya había mostrado anteriormente que no había gran diferencia en sus resultados. Tanto las dietas bajas en carbohidratos como las bajas en grasas tienen efectos similares para bajar de peso a corto plazo (menos de un año), afirmaron los investigadores en el estudio publicado por JAMA. El secreto para bajar más de peso mientras se hace una dieta es el apoyo conductual (que permite bajar 3 kg extra a los seis meses) y el ejercicio físico (que disminuye 2 kg extra), de acuerdo con el estudio liderado por el epidemiólogo canadiense Bradley Johnston.

En este sentido, la especialista en nutrición Mónica Katz subraya el ensayo de la A a la Z, de Christopher Gardner, que mostró una leve superioridad de la dieta Atkins sobre otras, y el estudio de Michael Dasinger, que concluyó que las dietas comerciales no tienen mayores diferencias a la hora de bajar de peso y modificar factores de riesgo cardíaco a un año.

“En el reciente Congreso de Obesidad, realizado en Boston, se concluyó que la mejor dieta es la que permite una mejor adherencia de los pacientes”, enfatiza la directora de la carrera de Médico Especialista en Nutrición y Obesidad de la Fundación Favaloro. “No se trata de buscar la dieta ideal para bajar de peso, que no existe, sino de ofrecer una dieta alternativa como estilo de vida”.

Para Katz, las dietas más saludables son la Mediterránea y la DASH, que fue diseñada para hipertensos y se basa en el alto consumo de frutas, verduras, granos enteros y fibras; lácteos bajos en grasas; carnes magras; alimentos bajos en sodio y con alto contenido de potasio, calcio y magnesio.

Adiós a las grasas trans

¿Cuál es la mejor dieta cardiovascular?

Las grasas saturadas podrían dejar de ser las malas de la película, ya que algunos estudios han cuestionado el vínculo entre la ingesta de grasas de origen animal -como la manteca- y la concentración de colesterol en sangre. En cambio, hay pocas dudas del daño que producen las grasas trans, muy utilizadas por la industria alimentaria por su bajo costo y su capacidad para prolongar la vida útil de los productos. Según la OMS, una ingesta diaria de 5 gramos de grasas trans puede aumentar un 25% el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Los ácidos grasos trans se forman durante el proceso de hidrogenación de aceites vegetales para formar grasa semisólida. También se producen durante la refinación de aceites y con las frituras con aceites poli-insaturados.

En la Argentina, las grasas trans están presentes en alimentos de gran consumo, como las tapas para empanadas, pizzas, galletitas, alfajores y productos de copetín. Pero las grasas trans tienen los días contados. El próximo 10 de diciembre entrará en vigor una reglamentación sanitaria que obliga a eliminar –o reducir drásticamente- las grasas trans de los alimentos industrializados.

Las modificaciones introducidas en el Código Alimentario Argentino establecen que el contenido de los ácidos grasos trans de producción industrial en los alimentos no debe ser mayor al 2% del total de grasas en los aceites vegetales y margarinas, y al 5% del total de grasas en el resto de los alimentos.

Según Sebastián Laspiur, director del Promoción de la Salud y Control de Enfermedades no Transmisibles del Ministerio de Salud, la medida permitirá prevenir unos 8.000 accidentes cardiovasculares, 2.800 infartos cardíacos y 5.370 eventos coronarios graves. Además, la eliminación de grasas trans generará un ahorro de 87 millones de dólares anuales en la atención de enfermedades coronarias, según el funcionario de la cartera sanitaria nacional.

 

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