El XXXV Congreso Argentino de Cardiología se desarrolló en la ciudad de Buenos Aires del 2 al 4 de octubre de 2009.
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Premios otorgados durante el Congreso
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FUNDACIÓN DR. PEDRO COSSIO
Presencia de placas coronarias vulnerables en mujeres de mediana edad que sufrieron muerte cerebral de los Dres. Enrique Gurfinkel, Carlos Vigliano, Alejandro Bertolotti, Juan Troncoso y Rubén Laguens
35 CONGRESO ARGENTINO DE CARDIOLOGÍA
Polimorfismos plaquetarios (PLA1/A2) y de la óxido nítrico sintetasa (GLU298ASP, -786#61502;C, 922A/G y elintrónico 420/393) y su relación con la reestenosis intrastent coronario de los Dres. Diego Grinfeld, Florencia Rolandi, Ignacio Rifourcat, Pablo Pollono, Guillermo Cugat, Javier Scaglia, Fernando Fuentes y Liliana Grinfeld
DR. RODOLFO KREUTZER AL MEJOR TRABAJO EN CARDIOLOGÍA PEDIÁTRICA
Experiencia inicial en la cirugía cardiovascular con circulación extracorpórea en recién nacidos prematuros con peso menor a 2500 grs. de los Dres. Christian Kreutzer, Daniel Klinger, Sergio Bariero, Silvia Torres, Tomás Iolster, Gabriel Musante, Alejandro Siaba Serrate y María Laura Bergamini
AL MEJOR TRABAJO EN INVESTIGACIÓN BÁSICA
Miocardiocitos derivados de células madre embrionarias humanas como modelo experimental para el estudio de infecciones por virus coxsackie de los Dres. María Questa, María Scassa, Javier Cifuente, Carolina Jaquenod de Giusti, Ricardo M. Gómez y Santiago Miriuka
BRAUN MENENDEZ AL MEJOR TRABAJO EN HIPERTENSIÓN ARTERIAL
a- Clínica:
Estrés psicosocial y baja resiliencia: un factor de riesgo para la hipertensión arterial de los Dres. Sara Costa de Robert, Marta Barontini, Pedro Forcada, Patricia Carrizo y Lucas Almada
b- Investigación básica:
Rol de la Angiotensina 1-7 sobre la recaptación neuronal de noradrenalina en la hipertensión" de los Dres. Lopez Verrilli MA; Rodríguez Fermepín M, Fernandez BE y Gironacci MM
PREMIO OSCAR ORÍAS AL MEJOR TRABAJO EN ECOCARDIOGRAFÍA
Carga vascular y valvular en la estenosis aórtica grave con bajo flujo, bajo gradiente y fracción de eyección normal de los Dres. Ricardo Migliore, María Elena Adaniya, Diego Mantilla, Miguel Barranco, Sergio Vergara, Martín Bruzzese, Guillermo Miramont y Horacio Tamagusuku
“Sin crisis no hay desafíos”
Dr. Ricardo Iglesias Presidente Sociedad Argentina de Cardiología
Quiero compartir un recuerdo, que me embarga de nostalgia y emoción, y es la asistencia a mi primer congreso, realizado en el Teatro General San Martín, en el inicio de la década de los 80.
La medicina se encontraba en la etapa de oro, esa que había comenzado allá por el año 1945, era una profesión liberal, el médico era respetado, valorizado y cuidado por la sociedad.
Con mis sueños y utopías a cuestas veía a cada uno de los médicos expositores en esa reunión científica como modelos a imitar.
La Sociedad Argentina de Cardiología representaba ante mis ojos la idoneidad, la ética, la libertad académica, el estímulo al conocimiento y a la superación.
Estos valores motivaron en mi espíritu idealista y juvenil, la necesidad de pertenecer a esta institución.
Desde entonces grandes y profundos cambios se produjeron en el mundo, en nuestro país y en la medicina.
El proceso de globalización trajo aparejado tiempos materialistas y frívolos. La profesión médica se modificó como consecuencia del nuevo entorno social y el cambio de las condiciones de ejercicio profesional.
El sistema de medicina gerenciada creada para hacer accesibles económicamente las prestaciones sanitarias, no ha satisfecho la principal expectativa para la que fue ideada: reducir costos.
La tendencia creciente hacia la comercialización de la medicina, modificó en forma sustancial el modo en el que practicamos nuestra tarea.
No hay más pacientes, son clientes. El concepto del libre comercio inundó la medicina.
Frases como: “los gastos en salud” lesionan nuestra esencia, hay que entender que invertir en salud y educación es generar riquezas.
El acto médico se convirtió en una actividad rentable, por tal motivo se requiere eficiencia, no en generar un buen diagnóstico o una terapéutica adecuada para solucionar los problemas de los pacientes. Sino en atender el mayor número de pacientes en el menor tiempo posible.
Desde su aplicación, el sistema ha sido rechazado progresivamente por los médicos, los cuales se sienten frustrados al no poder proporcionar una atención ideal, por las restricciones en su tiempo personal, los incentivos económicos contrarios a sus principios éticos y la pérdida del control sobre sus decisiones clínicas. Estas son algunas de las cuestiones relevantes que han llevado a la disconformidad de muchos médicos con respecto a la calidad de sus vidas profesionales.
¿Puede funcionar un sistema de salud si una parte importante de los médicos están incómodos? ¿Están los pacientes bien atendidos por médicos descontentos?
Investigaciones sobre el impacto de los cuadros de depresión en médicos demostraron un efecto negativo sobre los pacientes, al originar 6 veces más posibilidades de errores.
Esta crisis en la medicina es generalizada a nivel internacional, el 25 % de los residentes de tercer año de Boston no volverían a estudiar medicina y el 40 % de los médicos americanos no quieren que sus hijos estudien medicina.
Indagaciones realizadas por el área de investigación de la Sociedad Argentina de Cardiología evidenciaron el mismo fenómeno en nuestro país, el 25% de los cardiólogos argentinos no volvería a estudiar medicina y más del 35% no estaría satisfecho con que alguno de sus hijos siga el mismo camino.
De aquella relación médico-paciente tan simple y tan profunda como un diálogo entre dos seres humanos poco quedó.
El desempeño profesional quedó signado por una función de intermediario entre los pacientes y los empresarios.
Esta proletarización del médico, si bien es una amenaza mundial, se reagrava en nuestro país afectado por la plétora médica.
En cardiología la relación entre cardiólogos/habitante es 4.5 veces más que la relación óptima recomendada.
Este número excede las necesidades de la población y, como ocurre con toda oferta que excede las demandas, se reduce su valor.
Se debería regular el ingreso de acuerdo con la capacidad docente de cada facultad, la infraestructura hospitalaria y la cantidad de residencias acreditadas. Siguiendo esa lógica, no debería haber más alumnos que lugares para realizar la formación intensiva en ambientes hospitalarios.
En la actualidad esta posibilidad la tiene tan solo el 30% de los médicos recién graduados.
El resto comenzará una etapa de autoformación, sin más supervisión que su propia conciencia.
La formación de los médicos argentinos es una cuestión importante que excede lo estrictamente universitario, porque lo que está en juego es nada menos que la salud pública. Sin embargo, los debates sobre la materia tienden a sesgarse en los aspectos relativos a la enseñanza de la disciplina y en las pujas políticas y académicas, mientras continúa pendiente una revisión a fondo del sistema sanitario, con sus limitaciones y necesidades.
Este doble problema de acceso y calidad debe ser afrontado de inmediato sin retórica ni “medias tintas”. Una verdadera solución debe partir de un análisis serio de la problemática y acompañarse de medidas valientes que dejen atrás lo simplemente político para enfocarse en lo técnico y sobre todo alejarse de la mirada en el corto plazo.
A pesar del número elevado de especialistas, no se ha logrado detener los efectos de las enfermedades cardiovasculares y tampoco extender los beneficios de los progresos médicos a todos los componentes de la comunidad.
En nuestro país la mayor parte de los factores de riesgo se concentran en las poblaciones de menores recursos económicos y en aquellos con bajos niveles de formación educacional. Pertenecer a este sector más desfavorecido constituye en sí mismo un factor de riesgo.
La presencia de hipertensión arterial es del 28 % en las personas con menores ingresos económicos y del 19 % con ingresos elevados, la obesidad es del 21 % en las poblaciones que no finalizaron el estudio primario y solo del 11 % en aquellos con estudios secundarios completos.
La salud es un derecho de todos los seres humanos, la universalidad de la aplicación de los progresos médicos y su expansión a todos los habitantes no debe ser ignorada.
El deterioro de las instituciones no se correspondió con el devenir de la SAC. A lo largo de todo este tiempo los médicos que tuvieron la responsabilidad de conducirla no abdicaron nunca de los principios esenciales, a pesar de las circunstancias históricas. El objetivo irrenunciable fue y sigue siendo el mejoramiento de la salud cardiovascular de nuestra población.
Las sucesivas dirigencias han mantenido indemnes y sólidos estos principios fundacionales, afirmándose como una de las sociedades científicas más prestigiosas y reconocidas a nivel nacional e internacional.
Son testigos de mis palabras la extensa trayectoria docente, las innumerables y rigurosas investigaciones, y fundamentalmente el alto nivel académico de los miles de miembros que la componen.
La Sociedad Argentina de Cardiología no es, ni fue un espectador de la problemática enunciada, por el contrario en los últimos años trabajó intensamente en generar políticas al respecto.
Las Sociedades Científicas necesitan ser protagonistas en la búsqueda de soluciones para el médico.
Somos conscientes de que mejorando las condiciones laborales del profesional estaremos optimizando la atención de los pacientes.
El proceso de atención médica se beneficiará actuando en primer lugar sobre el tiempo de la consulta, segundo dignificando su salario y tercero manteniendo una adecuada competencia profesional.
Este último aspecto es el más sencillo de implementar pues la experiencia de la SAC en desarrollar programas educacionales es indiscutida.
En lo que respecta a la jerarquización del acto médico insistimos en cada colegio médico, organización sanitaria, ente gubernamental nacional, provincial o municipal, sobre la necesidad de cuidar el trabajo médico, pues es la vía más económica y eficiente para proteger la salud de nuestra población.
El valor de ser atendido por un médico que continúa actualizándose para ofrecer la mejor calidad de atención es una prioridad en nuestra institución, el sistema de recertificación profesional implementado hace más de 15 años tiene que tener un valor agregado en nuestra consulta diaria.
Otro problema que enfrenta el médico es el temor a la amenaza generada por la industria del juicio de mala praxis, el 80 % de los médicos americanos e ingleses evitan involucrarse en casos complejos,
Esta realidad debe ser asumida por las Sociedades Científicas, trabajando en forma mancomunada con el poder judicial con el objetivo docente de que conozcan la realidad de nuestra profesión y puedan discriminar con claro conocimiento de causa entre una negligencia, que implica castigo o un error que nunca es punible.
Con respecto al trabajo con la comunidad, cuando el Estado a través de sus organismos responsables no desarrolla acciones concretas en la prevención de enfermedades endémicas, las organizaciones no gubernamentales tienen la obligación moral de dar respuestas a los problemas poblacionales.
La Sociedad Argentina de Cardiología considera que debe contribuir a que la sociedad tenga una vida más saludable. En conjunto con su brazo comunitario la Fundación Cardiológica Argentina, planificó, desarrolló e implementó un programa de concientización sobre factores de riesgo coronario.
El conjunto de actividades diseñadas están dirigidas en primer lugar al reconocimiento del problema, indispensable para acceder a la segunda etapa, la modificación o cambio del mismo.
Muchas de las tendencias favorables en cuanto a la modificación de los factores de riesgo que se ponen en práctica en el mundo desarrollado han derivado de una mayor conciencia a nivel popular acerca de sus beneficios.
El éxito de educar en la salud dependerá de la continuidad de las acciones societarias y al tiempo que dediquemos a nuestros pacientes, en la práctica médica cotidiana.
Consideremos que sembrar educación es cosechar salud.
La Sociedad Argentina de Cardiología entiende que debe involucrarse en este conflicto sanitario, por tal motivo comenzó una política de acercamiento con distintas sociedades científicas y el estado, con el objetivo de iniciar un amplio debate que reúna a los actores involucrados en esta problemática.
Sabemos que no es una tarea sencilla, pero el reloj sigue su marcha y las necesidades son cada vez más apremiantes por lo que el ingenio y la voluntad deben aflorar.
Otro problema que afrontamos es la lamentable y creciente pérdida de centros académicos o su sustitución por modelos estrictamente asistenciales o pseudoacadémicos, llevó a la casi extinción del Maestro, con el consiguiente riesgo de la desaparición de la medicina humanística.
Es tarea imposible volver a recuperarlo, pero su modelo no puede dejar de existir. El reto de las sociedades científicas es asumir esta carencia y constituirse en líderes naturales de la profesión, que estimulen, orienten y diseñen escenarios de futuro que posibiliten el desarrollo integral del médico.
En referencia a la investigación, no tenemos en el país datos confiables sobre prevalencia de diferentes patologías, no tenemos información sobre modalidades de tratamiento ni evolución de los pacientes. Los datos del sector público son parciales, y la escasa información proviene de esfuerzos aislados, registros voluntaristas, que sólo muestran una realidad limitada.
La investigación debe hacerse con sentido social y son las sociedades científicas y el Estado los responsables de implementarla.
Las preguntas que deben contestarse son otras que las de los ensayos clínicos. Prevalencia de patologías de alto impacto poblacional, problemas sanitarios como la enfermedad de Chagas que afecta a millones de compatriotas siguen siendo eternos olvidados. La relación con factores socioeconómicos, barreras para la implementación de medidas adecuadas de control y tratamiento, estrategias para diagnosticar y cambiar la realidad.
Es curioso que la industria siga buscando nuevas alternativas, cuando no sabemos cómo llevar a la práctica a nivel nacional las que ya están probadas, con impacto seguro sobre la salud.
Para lograr respuestas confiables, en el área específica de Cardiología las sociedades deberían trabajar juntas, con las Universidades, la Academia de Medicina, el Ministerio de Salud, etc. Abogar por el financiamiento gubernamental y no gubernamental de la investigación, promover en los alumnos de la facultad de medicina y en los cursos de postgrado, y en las residencias una “actitud investigadora” si queremos tener una masa crítica que sea capaz de cambiar el estado de las cosas.
Es nuestro objetivo educacional formar médicos lo más completos posibles, dotados del suficiente espíritu crítico e imaginación como para plantear soluciones innovadoras a los problemas que afectan a la práctica profesional.
Este nuevo escenario profesional debe y merece ser discutido para poder modificarlo y adecuarlo a lo que realmente necesitamos.
A través de la historia, los médicos ejercieron su arte en distintas culturas, regímenes políticos y sistemas de atención de la salud, cumpliendo su noble tarea con idoneidad, dignidad y superando flaquezas, debilidades y dificultades.
Los médicos hemos tenido y tenemos todavía un interés por transmitir nuestros conocimientos a las generaciones siguientes. Es un hecho que no es común en otras profesiones. Hay una vocación por la donación del conocimiento. Eso es muy bueno y por allí es donde empiezan a aparecer las esperanzas en relación a la crisis.
En un escenario tan complicado, siguen apareciendo médicos jóvenes capaces, motivados, interesados que miran hacia el futuro, que se acercan a la SAC con la mejor disposición y con enorme deseo de seguir creciendo.
La medicina es, finalmente, preocuparse por el otro que sufre.
Quiero finalizar con un agradecimiento a las distintas áreas de trabajo de nuestra Sociedad, quienes tendrán la oportunidad para presentar sus logros y sus proyectos, en este espacio del Congreso.
A la Fundación Cardiológica Argentina por su actividad con la comunidad, desarrollando durante toda la semana un intenso trabajo de concientización de los factores de riesgo coronario en la adyacente plaza San Martín.
A los jóvenes residentes de cardiología, núcleos dinamizadores del sistema de salud, quienes, también tienen su propio espacio académico dentro del marco del congreso.
El Congreso constituirá una oportunidad para estrechar los lazos que nos unen con toda la cardiología internacional.
Por ello quiero agradecerles profundamente el enorme esfuerzo de acercarse a estas lejanas pampas, a todos los presidentes y representantes de todas las Sociedades Científicas del mundo.
A las sociedades amigas nacionales, a todos los conferencistas nacionales e internacionales porque son la parte esencial de esta reunión científica, gracias por entregarnos sus conocimientos y experiencia.
Gracias a todos los investigadores que confiaron en nosotros para compartir sus trabajos científicos.
Agradecer al personal administrativo de nuestra sociedad, por su inmensa labor cotidiana.
Agradecer a la industria farmacéutica y de la alimentación por la relación madura, ética e inteligente que desarrollamos.
Quiero remarcar la inmensa labor del comité científico del congreso, quienes dedicaron en forma desinteresada muchas horas de su tiempo, analizando y discutiendo sobre el mejor programa de actualización para ofrecerles a todos ustedes.
Para finalizar citando a Albert Einstein en relación a la crisis:
“La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajaremos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”