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Infarto: Bariloche revela un paisaje sombrío

Creado el 11 abr 2018
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Por Alejandra Folgarait

Infarto: Bariloche revela un paisaje sombrío

La morbimortalidad del infarto agudo de miocardio está descendiendo en Estados Unidos y otros países desarrollados, pero continúa siendo alta en la Argentina. Según un estudio poblacional realizado en la ciudad de Bariloche, la situación podría ser incluso más grave de lo que se cree. En la ciudad rionegrina, la mortalidad global por infarto agudo de miocardio es del 46,2% y el 90% de estos decesos ocurren antes de ingresar al hospital, de acuerdo con el estudio REGIBAR.

La investigación del grupo de cardiólogos del distrito SAC Bariloche, publicada en el último número de la Revista Argentina de Cardiología, replicó la metodología diseñada por la Organización Mundial de la Salud hace 30 años para el estudio MONICA, que evaluó cifras de mortalidad de infarto en 21 países (ninguno latinoamericano). Siguiendo este modelo, se identificaron todas las muertes por infarto de la población local (113.000 habitantes) ocurridas entre junio de 2014 y mayo de 2015, ya sea las registradas dentro de alguno de los cuatro centros hospitalarios de Bariloche como las producidas fuera de una institución sanitaria. Para ello, se investigaron los certificados de defunción, se hicieron autopsias verbales para conocer las causas de muerte de los fallecidos extrahospitalarios, se confirmaron los casos hospitalarios por troponina y los no fatales por consultorio, y se creó un comité evaluador de los casos dudosos. Así, se identificaron 144 casos de infarto agudo de miocardio (71 años en promedio, 63% varones).

Es importante destacar que en la Argentina existen muchos registros hospitalarios pero pocos estudios poblacionales sobre infarto agudo de miocardio (IAM). Un registro retrospectivo realizado en 2005 en dos centros de internación de Coronel Suárez concluyó que la incidencia de infartos agudos de miocardio con elevación de ST era de 90 por cada 100.000 habitantes. En cuanto a los pacientes de 35 a 64 años – grupo sobre el que se centró el estudio MONICA-, la tasa de infartos con o sin supradesnivel en pacientes internados en Coronel Suárez fue de 55,9 por cada 100.000 habitantes.

En cambio, en el estudio prospectivo de Bariloche la tasa anual de infartos resultó de 128 por cada 100.000 habitantes (y de 119 en la población de 35 a 65 años). ¿A qué se debe esta diferencia? En principio, a la detección de fallecidos extrahospitalarios (16 por infarto agudo de miocardio y 45 inclasificables según los criterios MONICA). Si se excluyeran los casos extrahospitalarios, la incidencia anual en Bariloche sería de 87,7 cada 100.000, semejante a la de Coronel Suárez.

La letalidad de los casos hospitalizados en Bariloche fue de 7,5% a los 28 días, cercana al 9% de mortalidad intrahospitalaria que se había registrado en Coronel Suárez. Pero, si se consideran los casos fatales no hospitalizados, la letalidad global fue del 46,5%. A nivel poblacional, el índice de mortalidad por IAM fue de 59,4 y mayor para los varones que para las mujeres.

Según Carlos Tajer, ex presidente de la SAC, el estudio REGIBAR permitió acceder al iceberg de la mortalidad por infarto agudo de miocardio en la Argentina. “Desde la óptica de los registros, la mortalidad del infarto internado es actualmente del 8%, y coincide con la observada en el REGIBAR (7,5%). Pero al incluir los casos a partir de la consulta ambulatoria, los certificado de defunción y las autopsias verbales, aumenta mucho la incidencia de infarto poblacional y mucho más la mortalidad: el número de infartos anuales asciende de 80 a 144 y la mortalidad es de 67/144, es decir, 46,5%. Expresado en otros términos, 9 de cada 10 fallecimientos por infarto no pasaron por una internación”, enfatiza Tajer en un editorial que acompaña el estudio.

Las implicancias de este estudio pueden ser importantes para el futuro. Si la mayoría de las muertes por infarto en la vida real se producen fuera del hospital, ¿cómo reducirlas? Más allá de la prevención de los factores de riesgo y la instalación de cardiodesfibriladores en lugares públicos, Tajer propone establecer un “código infarto” en emergencias, capacitar al personal sanitario para el diagnóstico temprano y trabajar en red por telemedicina.

Por su parte, Matías Calandrelli, cardiólogo del Distrito SAC Bariloche e investigador del estudio, subraya la importancia de agregar otros enfoques para reducir la mortalidad del infarto agudo de miocardio: “Vimos que más del 80% de las muertes por infarto se producen antes de ingresar al hospital, y la mayoría de esos casos se produjeron en el domicilio, por muerte súbita. Un mayor control de los factores de riesgo, sumado a campañas de advertencia para consultar ante síntomas específicos y un programa de capacitación para reanimación dirigido al público general podrían tener algún impacto en la mortalidad prehospitalaria”, reflexiona el cardiólogo de Bariloche.

Si bien Calandrelli reconoce las limitaciones del estudio –una población pequeña, falta de autopsias forenses y una sobreestimación de la mortalidad por muertes inclasificables- “nuestra expectativa es que la incidencia de infarto que encontramos (119 por cada 100.000 habitantes, estandarizada por edad) pueda ser útil como cifra de referencia para el país hasta que se haga un estudio en poblaciones más grandes”, concluye el cardiólogo de la SAC.